Freddy Potoy Rosales
MADRID, ESPAÑA.—El 1º de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, en Europa pasó casi desapercibido debido a la histórica ampliación de la Unión Europea (UE) que ahora cuenta con 25 Estados miembros y 455 millones de habitantes.
Es primavera. El sábado pasado, lluvioso y con un poco de frío pero no tan fuerte como en el invierno, millones de europeos celebraban eufóricos la incorporación a la UE. Deseaban vivir ese momento después que el Este y el Oeste estuvieron separados durante casi 50 años. Le llaman el fin de la guerra fría y el abandono de la larga noche del socialismo real.
Esa noche del 1º de mayo parecía que se despedía un 31 de diciembre y se recibía con júbilo un 1º de enero, pero no. Era la celebración de la fecha en que —como escribieron dos periodistas en un suplemento del domingo pasado en El País—“la Europa de Franz Kafka y Bela Bartok, de Sandor Marai y Antonín Dvorak, la Mitteleuropa”, volvía a casa.
Atrás quedaron los crueles recuerdos de la invasión nazi y la ocupación soviética. La patria de Juan Pablo II también estaba eufórica. Los nuevos Estados miembros tienen un largo camino que recorrer, pero nada doloroso al que ya vivieron en el pasado.
Aunque dos días después de la celebración, el comisario europeo responsable de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, se comprometió a aplicar sin discriminación las disposiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de los 10 países del Este y del Centro de Europa, lo cierto es que hay muchas expectativas entre los gobiernos y ciudadanos de estas naciones por mejorar sus economías y por supuesto, sus niveles de vida. De momento, la euroeuforia es grande.
La Comisión Europea aprobará un informe sobre las cuentas públicas de seis de los diez nuevos Estados miembros. Ellos son: Chipre, cuyo déficit alcanza el 6.3 por ciento del PIB en 2003; República Checa, 12.3; Hungría, 5.9; Malta, 9.7; Polonia, 4.1, y Eslovaquia, 3.6 por ciento del PIB. Todos superan el límite del 3 por ciento en el 2003 en la UE.
El grupo de Los Quince lo integraban: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Irlanda, Reino Unido, Grecia, España, Portugal, Austria, Finlandia y Suecia. Los nuevos socios son: República Checa, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia.
La riqueza cultural, el potencial económico y el turismo parecen ser la trilogía que irá de la mano junto a los nuevos socios. Tendrán sus problemas, pero están dispuestos a ser países pujantes y fortalecer a la UE como una de las potencias económicas más grandes del mundo. Ahora, la UE se extiende al Este y el Mediterráneo y concentra el 28 por ciento de la riqueza mundial. Con Malta y Chipre abre nuevas vías para sus relaciones comerciales con el norte de África y Oriente Medio.
El idioma, las culturas distintas, las barreras, las fronteras son cosas que poco a poco se irán resolviendo. El punto es que estos países que han sufrido mucho han dado un gran paso para bien de sus habitantes. Una lección para el resto mundo. ¡Qué envidia!, pero de la buena. Ya deseara que los políticos de mi país al menos supieran el significado de la responsabilidad que tienen.