María José Zamora*
A pesar de la animadversión que demuestra contra el presidente Enrique Bolaños y su Gobierno, el Secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Abelardo Mata, considero que ha hecho muy bien el señor Presidente de la República al terminar con el contubernio Estado–Iglesia que mantuvo durante su gobierno el ex presidente Arnoldo Alemán, y que por lo visto, añora con vehemencia dicho prelado.
De acuerdo a lo expresado por monseñor Mata en una entrevista publicada en LA PRENSA el 26 de abril recién pasado, Arnoldo Alemán apoyó a la Iglesia Católica y a “todo tipo de movimiento”, motivo por el cual, según él, Arnoldo Alemán tiene liderazgo. En este sentido coincido con la opinión del obispo de Estelí, porque ciertamente Arnoldo Alemán creó su liderazgo en base a favorecer a sus “amistades” (entre las que obviamente estaba la jerarquía de la Iglesia Católica) con exoneraciones de impuestos, dinero, favores de toda índole y los infaltables “negocios” que dejaron a los arnoldistas con sus cuentas bancarias rebosantes. Éste es, más que la amistad, el principal motivo por el cual sus correligionarios lo defienden a capa y espada. Indudablemente, para la jerarquía católica la sana actitud de este Gobierno de no privilegiar a ninguna Iglesia, ha molestado profundamente a quienes estaban acostumbrados a un trato preferencial.
Me parece que no es ético y mucho menos cristiano que algunos sacerdotes, como es el caso de monseñor Abelardo Mata, utilicen el púlpito para hacer críticas irresponsables sobre el actual Gobierno; y digo irresponsables porque es el único calificativo que cabe cuando este sacerdote dice que el aumento que con tanta dificultad logró el Gobierno otorgarle a los maestros, es miserable, o cuando advierte en tono fatalista que ya se escuchan los primeros tableteos de ametralladoras en las montañas (LA PRENSA 8 de abril del 2004). Este tipo de homilías no contribuyen a la paz ni transmiten con veracidad la situación, y más deplorable aún que lo anterior es que desacata el mensaje del Vaticano Redemptionis Sacramentum, el cual llama a todos los sacerdotes del mundo a no relacionar la misa con acontecimientos políticos y a que en la homilía no se trate sólo de temas políticos o mundanos.
Me preocupa profundamente que sea precisamente un sacerdote que en sus homilías se pregunta si se está creando el caldo de cultivo para una nueva revolución, el elegido de la Corte Suprema de Justicia (que es anti-gobierno) para firmar un convenio que implementará un Sistema de Facilitadores Judiciales Rurales. Para lo cual, de acuerdo a Mata, “han seleccionado promotores que poseen una gran vocación de servicio, realizada desde la fe y mística cristiana” (LA PRENSA abril 26)
No soy quién para hacer sugerencias a la jerarquía católica, sin embargo creo que sería prudente cierto grado de supervisión, no sea que quien fuera llamado el pacificador de las Segovias en la primera parte de los años noventa, se convierta ahora en todo lo contrario.
* La autora es socióloga