La falta de equipo completo, la necesidad de costearse sus propios uniformes y seguro de vida y los bajísimos salarios son agravantes que deben enfrentar los bomberos cada vez que arriesgan sus vidas.

Bomberos en ruinas

José Adán Silva Un incendio más aquella noche de verano a finales de marzo, y gran parte de Managua podría estar en cenizas. La especulación sobre esa noche en que los Bomberos registraron tres incendios en Managua, es trágica desde cualquier punto de vista, pero muy cercana a la realidad. La situación es desesperante para […]

José Adán Silva

Un incendio más aquella noche de verano a finales de marzo, y gran parte de Managua podría estar en cenizas. La especulación sobre esa noche en que los Bomberos registraron

tres incendios en Managua, es trágica desde cualquier punto de vista, pero muy cercana a la realidad. La situación es desesperante para estos hombres que, con el estómago vacío y los bolsillos rotos, se dedican a apagar fuegos, preservar la propiedad privada y pública, rescatar vidas de las llamas, calmar la sed y, aunque no lo crea, a espantar abejas

Las llamaradas salen por encima del techo y se expanden hacia el cielo, donde se transforman en una nube oscura que tiñe el aire de luto. Abajo las láminas de zinc crepitan y los bloques de cemento explotan, mientras un acre olor a ropa quemada apesta en 50 metros a la redonda de donde la casa arde. Alguien, desesperada, dice que dentro de la casa ardiente se encuentra aún un bebé, que lo salven.

Un bombero enclenque, mojado más por el sudor del esfuerzo, que por el agua usada para sofocar las llamas, intenta penetrar por la puerta trasera del inmueble que se consume en fuego, pero tras unos minutos de duda, calor y humo, se desmaya y es rescatado por sus compañeros apagafuegos, quienes consternados ven como la casa se consume, mientras una mujer queda muda de tanto gritar que le salven la vida a su bebé.

Eso ocurrió en abril del año pasado en el barrio Larreynaga, de Managua. La niña, de tres meses, murió carbonizada; su madre fue internada en estado de shock y el bombero que se desmayó, desertó días después de las filas de la Dirección General de Bomberos. Aquella tarde en que se desmayó, el muchacho no había desayunado y apenas había almorzado un poco de arroz cocido. No tenía un traje especial que lo protegiera de las llamas y tampoco tenía dinero para pagar las botas que hacía tres meses había sacado al fiado, por lo cual se encontraba deprimido antes del incendio y quizás dudando en dañar sus botas durante el siniestro.

MIL HOMBRES DESMOTIVADOS

Igual que él, deprimidos, mal alimentados y muy pobres, se encuentra cerca de mil hombres, entre oficiales, jefes y bomberos voluntarios, de la Dirección General de Bomberos de Nicaragua (DGBN).

Esta semana, a LA PRENSA llegó una carta anónima que, después de una primera leída, parecía imposible de creer por lo trágico de la situación. La misma la escribían en nombre de jefes superiores, jefes intermedios, oficiales, inspectores de prevención de incendios, técnicos de rescate, clases y bomberos de línea de la DGBN. Después de una entrevista amplia con el Comandante de Regimiento y Subdirector General de Bomberos, Miguel Ángel Alemán, la situación trágica que describía la carta sobre la noble labor de los Bomberos, se quedó corta ante la realidad.

“No voy a tratar de tapar el sol con un dedo: en 25 años que tengo de estar en servicio, jamás hemos pasado situación tan difícil como ésta. Aunque usted no lo crea, nosotros pagamos nuestros propios uniformes y nuestros seguros de vida, y hay ocasiones en que salimos a apagar fuego sin siquiera haber comido, porque no hay comida en los cuarteles”.

Los Bomberos que desde 1980 pasaron a ser dirigidos por el Gobierno, cuentan con un equipo de 100 vehículos para cubrir el territorio nacional, de los cuales 45 están funcionando. De estos 45 vehículos, cerca de 15 no pueden salir a las calles por falta de combustible.

POBRES Y DESPROTEGIDOS

Y es que contrario a los diputados, que reciben 200 galones de combustible cada mes, las unidades de rescate de la DGBN apenas reciben 20 galones mensuales para atender un promedio de cinco emergencias diarias.

“Cuando los Bomberos pasaron a ser parte del Gobierno, en 1980, recibieron por primera vez en su historia un presupuesto de cerca de un millón de dólares. 20 años después, el presupuesto sigue siendo el mismo”, explica el comandante Alemán. Y solemne, como si leyera una lista de bajas en acción, da más detalles de la crisis.

“A través del tiempo, ese millón de dólares se ha ido achicando. Nosotros cada año presentamos un presupuesto que nunca nos aprueban. El año pasado pedimos 19.2 millones de córdobas, y sólo nos aprobaron 14.9 millones. Y de ese dinero, sacamos para los salarios de 350 agentes permanentes, que se llevan 10.4 millones, más el pago de agua, luz y teléfono, que son 2.3 millones; para combustible, apenas sacamos 1.3 millones, y para comida no llegamos ni al millón: 923,000 córdobas”, detalla.

ES LA COMIDA, EL PUNTO QUE MAS CRITICAN

Y agrega un detalle que más que coraje, parece darle vergüenza al uniformado: “En el presupuesto no se nos asigna vestuario, calzado, llantas, neumáticos, repuestos ni accesorios, tampoco aceite, lubricantes, equipos de protección ni medicinas. Los uniformes los pagamos nosotros mismos, y lo demás, si acaso se consigue con donaciones”.

El presupuesto tampoco incluye dos aspectos vitales para quienes arriesgan sus vidas entre las llamas: equipo de protección personal, y seguros de vida.

“Los equipos de protección personal están dañados la mayoría, y no hay dinero para reponerlos”, cada equipo está valorado en 2,500 dólares y consta de un casco, chaqueta aislante, pantalón aislante de calor, botas y un tanque de aire comprimido.

CUARTELES DE DESESPERACIÓN

Las penurias, dice el comandante Alemán, no sólo han golpeado los equipos y sus estómagos, sino también la disciplina y la voluntad.

“Hay que aceptar que hay muchos compañeros a lo interno que quieren irse, porque no les mejoran la situación. Aquí hay compañeros que pasan hasta 72 horas encerrados en los cuarteles, comiendo apenas arroz cocido con frijoles, durmiendo mal en catres, sin uniformes ni jabón para lavar sus ropas, y encima, ganando 1,200 córdobas. ¿A quién le gusta vivir así? ¿a quién le gusta arriesgar su vida por 1,200 córdobas? A nadie, menos cuando es uno mismo el que paga su seguro de vida”, exclama.

Algunos no han resistido la situación y han abandonado la nave. Cada vez que termina el año, luego de diciembre cuando han pagado el aguinaldo, se van unos 20 bomberos a buscar mejor suerte en otro oficio.

El año pasado mandaron a pedirle ayuda al presidente Enrique Bolaños, por medio del entonces ministro de Gobernación, Eduardo Urcuyo, y el Presidente sólo les recomendó “sacrificarse y ajustarse la faja”. Algunos de los bomberos ni siquiera tienen faja, porque el presupuesto no da para eso.

Cuenta el comandante de regimiento que esta semana se reunieron con el ministro de Gobernación, Julio Vega Pasquier, y que el funcionario les dijo que les ayudaría a conseguir fondos para los equipos y los apoyaría para aprobar una Ley General de Bomberos que aportaría, mediante impuestos, más recursos a los Bomberos.

Pero mientras esas promesas siguen en promesa, los Bomberos tendrán que seguir con hambre en los cuarteles, fiando la gasolina para ir a apagar fuego y pensando en desertar después de cada mes en que reciben sus escuálidos salarios de 1,200 córdobas, de los cuales tendrán que pagar 47 córdobas para su propio seguro de vida.

NUMEROS APLASTANTES

416 incendios cubrieron los Bomberos en el 2003.

1800 servicios de traslado y atenciones de salud a los pobladores.

6,257 servicios especiales prestaron los Bomberos el año pasado: incendios generales, cortocircuitos, incendios en patios baldíos, descarga de material inflamable, fuga de gases, suministro de agua a barrios sin servicio, extermino de abejas africanizadas y otros.

78 días sesionaron los diputados en ese mismo período y sólo aprobaron 36 leyes en el 2003.

DIFERENCIAS ABISMALES

Mientras un bombero, que atiende cerca de cinco emergencias diarias durante las 24 horas del día, gana 1,200 córdobas, un diputado gana aproximadamente 78,500 córdobas mensuales, más otros ingresos.

El presupuesto destinado a la alimentación de los Bomberos es incluso más bajo que el que el Gobierno asigna a los reos del sistema penitenciario. Mientras en las cárceles destinan 7.6 córdobas diarios para la comida de un reo, los Bomberos apenas tienen presupuestado 4.5 córdobas para los tres tiempos de comida de sus hombres.

Mientras los Bomberos cuentan con un presupuesto para adquirir 4,000 galones de combustible al mes, los 91 diputados de la Asamblea Nacional consumen 18,200 galones mensuales.

El presupuesto de los Bomberos (14.9 millones) es apenas dos millones más alto que el del Sistema Nacional de Prevención de Desastres (13 millones), pero mientras los Bomberos liquidan su presupuesto tres meses antes de terminar el año, el Sinapred apenas ejecuta 500 mil córdobas de un presupuesto de ocho millones destinados a la prevención de desastres.

Cada año, desde 1990, los Bomberos buscan cómo por medio de algún diputado, la Asamblea Nacional les apruebe una Ley de Bomberos que les garantice seguridad financiera y atención médica. Todos los años esa ley queda en el círculo de espera.

La ley establece un porcentaje de al menos el cinco por ciento proveniente de los recursos obtenidos por el pago de seguros contra incendios y desastres a empresas aseguradoras, más otros fondos especiales producto de servicios especiales que presten los Bomberos.

FALSA ALARMA

“Las falsas alarmas se dan al menos 100 veces cada día. La gente llama pidiendo auxilio, y nuestros hombres aunque estén agotados, salen corriendo a tratar las emergencias, y cuando llegamos, lo que hay tal vez es una fiesta”, comenta el comandante Miguel Ángel Alemán, Subdirector General de Bomberos.

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