Silviano Matamoros L.*
Consciente e inconscientemente estamos los nicaragüenses configurando nuestro destino con graves errores y omisiones, los conceptos y las actuaciones de los políticos están al margen de nuestras realidades, carentes de visión y de responsabilidad patriótica, las pasiones partidarias y las ambiciones personales, condicionan y orientan su conciencia y su conducta, cegando la razón y cerrando oportunidades al futuro.
Los políticos nicaragüenses se están convirtiendo en los reyes de la simulación, de la mediocridad, de la improvisación y el descalabro, vivimos en Nicaragua actualmente en el filo de la navaja y del caos nacional, sin importarle a nadie las graves consecuencias de una decisión política irracional e irresponsable.
¿Cómo podemos establecer la razón y la institucionalidad en una sociedad arrastrada por la corrupción y el irrespeto político que minan y destruyen los cimientos del pensamiento y del civismo?
La política en Nicaragua camina sin sentido, sin patriotismo, y sin responsabilidad porque los fundamentos del orden humano y de la cultura superior, que tiene su origen en los principios morales y religiosos, se ignoran campantemente en la política nacional.
No se puede ignorar ni separar de la política por un simple acomodo o por una apología al ateísmo, que las religiones son la fuente histórica primitiva de donde ha surgido la moral que norma la conducta de la humanidad.
La conciencia y la conducta secular que practican los políticos en Nicaragua, ha vuelto definitivamente la espalda a la religión y a los principios morales, mostrándose en su quehacer político totalmente indiferente a las concepciones éticas.
Nunca la democracia y la justicia han estado tan alejadas, la dignidad humana tan vejada, la pobreza tan generalizada y los sentimientos políticos practicados con tanto cinismo, como en el momento actual. La racionalidad ha perdido la razón en cuanto ha vuelto la espalda a la religión moral.
Tengo la impresión de que en Nicaragua se está fracasando en el intento de encontrar verdaderos patriotas que nos guíen a un mejor futuro. Los patricios de antaño con su prudencia, su sabiduría, su ecuanimidad y sus principios se han ausentado de la política y los piratas han tomado su lugar.
No se puede seguir repitiendo, con los nazis de la segunda guerra mundial, el eslogan arrogante, ciego y pesimista de “así somos, así queremos seguir siendo”. Algún político honesto debe hacer un alto en ese camino y lanzarse a la aventura honrosa de configurar con otros hombres honestos y más inteligentes un mejor y justo futuro para el pueblo nicaragüense.
La sociedad no quiere más políticos inmorales que se sustraigan a la contemplación indolente de la miseria de nuestra sociedad, políticos que cierran los ojos ante la realidad económica que aplasta a los ciudadanos, sino políticos que den esperanzas reales con inteligencia y con entrega para construir el futuro de la Patria con la racionalidad, la moral y la responsabilidad patriótica que el pueblo demanda.
* El autor fue presidente del Partido Conservador de Nicaragua.