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Los desafíos de la UE al ampliarse
Hoy primero de mayo diez Estados se agregan a la Unión Europea, llegando a 25 los miembros de esa comunidad que reúne a 500 millones de personas. Con ello termina una separación artificial que separó en dos al Continente Europeo por más de seis décadas.
Europa tuvo que esperar el final de la Segunda Guerra Mundial para comprender que la enemistad crónica entre Francia y Alemania debía cesar. Resultaba urgente encontrar un mecanismo para extinguir esa rivalidad. Por suerte dos personalidades señeras, Konrad Adenauer, de Alemania, y Charles Degaulle, de Francia, hallaron la manera de lograrlo. Tres realidades los llevaron a un plan de gran envergadura que recompusiera a Europa. La primera fue que esas guerras debilitaron gravemente a Europa, la que perdió su tradicional influencia mundial, recogida por Estados Unidos de América. En segundo lugar había que concebir un acomodo estratégico entre Francia y Alemania que tuviese la aceptación norteamericana, fundado en algún tipo de unidad. Y en tercer lugar los europeos ansiaban un continente pacífico y seguro.
Esos anhelos fueron facilitados por dos iniciativas: el Plan Marshall, que ayudó significativamente a la rehabilitación europea, siendo la otra la doctrina Truman que intentaba contener el expansionismo soviético. Comenzaron así una serie de tratados iniciados en París, en 1951, con el Acuerdo del Carbón y el Acero. Ya constituido el Grupo de los Seis, llegó el paso definitivo en Messina (1955 ) conducente a los tratados de Roma (1957), en los que se creó la Comunidad Económica Europea y se acordó sobre la energía atómica.
A partir de entonces comenzaron las ampliaciones de 1974, 198l, l985, 1995, y ahora la del 2004. Fue difícil ese tránsito, por las desconfianzas históricas que aumentaron al desmoronarse la ex URSS, lo que trajo una expectación de los países del Centro y Este europeo por incorporarse a la UE, aunque sin apartarse de EE.UU., adhiriéndose por ello a la OTAN. Era indudable que la UE tenía que poner condiciones que garantizasen que los nuevos socios seguirían el régimen democrático, respeto a los derechos humanos, economía de mercado y tolerancia a las minorías, además del ordenamiento económico y modernización de sus instituciones. Todo ese esfuerzo costó mucho dinero y fue proveído por Francia y Alemania, los padres de la criatura.
Empezaron no obstante a surgir suspicacias. Por un lado, Rusia se inquieta con la extensión de la Comunidad Europea hacia el Este y teme ser encerrada. Por el otro, Estados Unidos se preocupa por una Europa muy autónoma, como se demostró con la negativa de Francia y Alemania para participar en la guerra contra Irak. Como dijo el ex Secretario de Estado, Kissinger: de esa unión puede resultar una Europa federalista unificada, dominada por una burocracia inflexible, que tendría menos deseos de trabajar con EE.UU., volviéndose fuerte competidor económico; o una Confederación en la que los Estados conserven autonomía y fuese un socio más flexible. Lo cierto es que Europa sola no pudo dominar el drama de la ex Yugoslavia y recurrió a la OTAN, incluso por encima de Naciones Unidas.
En todo caso, los desafíos que esperan a la UE con esta ampliación son ingentes. Por de pronto tiene que efectuar recortes sustanciales a los subsidios que aún mantiene y proporcionar ayuda a países como Chipre, Bulgaria y Letonia, que tienen un PIB bajo y un ingreso per cápita mucho menor que el promedio en UE.
Debe recordarse que el aporte (no préstamos) a los países candidatos fue desde el 2 000 de 21 billones de euros, fuera de compensaciones a agricultores. A esto habría que agregar la debilidad del euro, la recesión en países como Francia y Alemania que mantienen déficit fiscales mayores que los permitidos. Queda Gran Bretaña, la escéptica que rechaza el federalismo europeo. La prueba de fuego es la aprobación de la carta constitucional de la Unión Europea.
Esta ampliación constituye eventualmente una ventanilla alternativa para América Latina. Por ejemplo, ese magnífico ejemplo de Unión Europea está lejos de reproducirlo Centroamérica, que inició el camino poniendo la carreta delante de los bueyes: en vez de escoger la ruta económica (aduanas coordinadas y libres) como andamio, creó organismos políticos infuncionales.