Freddy Potoy Rosales
MADRID, ESPAÑA.— Cuando salen a relucir versiones como que Arabia Saudí bajará el precio del barril de petróleo para favorecer la reelección del Presidente de Estados Unidos, George Bush, la apatía hacia la política exterior de la Casa Blanca crece y las críticas surgen a granel.
Según el periodista de The Washington Post, Bob Woodward, el príncipe Bandar bin Sultán, embajador saudí en Washington, en nombre de su país, ha prometido al gobierno de Bush mantener el precio del barril del “oro negro” en una franja de entre 22 y 28 dólares, muy por debajo de los 32 que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tiene como referencia. De lo publicado por Woodward se desprende una clara manipulación de la oferta del petróleo, todo por un interés político mundial de la gran potencia que vive momentos duros.
Si esto ocurre, una vez más la historia de los “petrodólares” y la “petroguerra” en el Medio Oriente queda al descubierto sin importar mucho lo que pase con el Derecho Internacional. También se evidencian intereses no claros de naciones como Arabia Saudí que tratará de obtener los mayores réditos posibles.
Pero Arabia Saudí no parece tener todo a su favor porque la promesa a Washington generaría problemas con los demás miembros del cártel del crudo. La OPEP ha pronosticado que los precios subirán por el problema en Oriente Medio, argumento contrario al de Bandar bin Sultán.
Además, esa estrepitosa caída de precio que promete Arabia Saudí también causaría serias repercusiones a las finanzas estatales de esa nación.
Los analistas se preguntan qué beneficios sacará Arabia Saudí cuando las relaciones con Estados Unidos no estaban muy bien después del 11-S, a lo cual se suma la posición de Bush contra Irak y el Medio Oriente. Eso genera mucha desconfianza en la esfera del negocio de la primera fuente de energía mundial.
No obstante, se presume que Estados Unidos anhela administrar provisionalmente el sector petrolero iraquí luego de la guerra, a pesar de las objeciones surgidas entre sus aliados en Europa y Medio Oriente, y a esto se puede prestar Arabia Saudí con su reino autocrático que pretende recobrar la confianza política de Washington.
Habrá que ver el comportamiento en los precios del petróleo y quién gana esta tercia: Arabia Saudí o la OPEP. Arabia Saudí tiene mucho excedente como para bajar los precios del crudo, sus reservas de petróleo son las mayores del mundo y ningún otro país en la OPEP tiene la misma capacidad de extracción de sus pozos en tan poco tiempo.
El tema de la reelección es vital para Bush y todo puede suceder con tal de garantizar ese triunfo electoral en noviembre próximo, pues no es fácil asumir el impacto político mundial que ha dado España al ordenar el retiro de sus tropas en Irak, seguido de Honduras.
Por otro lado, mientras en España no cala la opinión de Bush expresada el pasado lunes en Pensilvania sobre la decisión de retirar las tropas y los atentados de Madrid en vísperas de los comicios de este país el pasado 14 de marzo, el futuro político tanto del primer ministro británico Tony Blair, como del propio Bush, estará pendiente de un hilo con sus electores en un futuro cercano.