Si yo fuera diputada

Mercedes Gordillo

A Mario Moreno

Si yo fuera diputada no le entraría a nadie a trompadas, arañazos, pellizcos o garrotazos. Tampoco pertenecería a turbas de ninguna clase.

Si estuviera varios meses o quizás años sin aprobar leyes, no cobraría sueldos, viáticos, dispendios, etc. No perdería el tiempo andando de la seca a la meca, llevando y trayendo de la cárcel a la casa, a ninguna persona. Tampoco discutiría la difícil palabra: valetudinario.

Me incorporaría a la Asamblea como ciudadana común y corriente, sin cargos ni causas pendientes, comprobados o no.

No violentaría ni un pedacito de la Constitución, tan ultrajada en el siglo pasado y en el actual. Nunca firmaría ningún pacto, quizás negociaría para obtener mejores resultados.

Cubriría las paredes de la Asamblea con pinturas nicaragüenses de máxima calidad. También haría una biblioteca con textos históricos, geográficos, literarios, gramaticales, en fin, libros de cultura general como se decía antes. Reviviría la Ley 215, actualmente en completo olvido. Pasaría una iniciativa para que los presidentes de turno promuevan la cultura, no sólo la poesía de don Rubén.

No aprobaría ninguna ley a favor del aborto, o sea en contra de la vida.

Si yo fuera diputada propondría una ley estricta y severa para multar a los alcaldes, entre otras causas: por no recoger basura, no asear cauces, infestar lagunas, por permitir la circulación de vehículos con humos negros contaminantes. Por no construir aceras. Si la ley pudiera ser retroactiva multaría al alcalde o ex ministro del distrito que ocasionó el desastre ecológico, llenando de terrible suciedad mal oliente el Lago Xolotlán. Ésta para la Policía: por no suspender licencias de conducir a buseros y otros choferes irresponsables que atropellan a peatones desprevenidos.

Consultaría al pueblo que me paga sobre sus necesidades inmediatas y futuras. Nombraría a una Junta Directiva equilibrada, equitativa, justa y democrática, compuesta por mujeres y hombres profesionales de comprobada transparencia, casi luminosos.

Urgentemente aprobaría una ley contra los padres que abandonan a sus hijos, otra muy drástica sobre las violaciones, agresiones y ultrajes a las mujeres. El año pasado 153 fueron asesinadas. Lucharía contra la corrupción establecida, contrabando, evasión de impuestos, carteles, tráficos, alzas ilegales, confiscaciones, trata de blancas, secuestros, etc.

Si yo fuera diputada, no sería padre de la Patria, sino madre.

Pertenecería a un solo partido, único, inmutable: Nicaragua.

Por todas las utopías expuestas comprendo seriamente que yo no podría ser diputada nicaragüense, en estos tiempos que vivimos. No tendría la más mínima oportunidad, menos apoyo o respaldo patriótico, solidario. Porque después de estas declaraciones, en caso de ser diputada, posiblemente estaría presa con mi casa por cárcel, completamente aislada, acaso menospreciada.

La autora es escritora nicaragüense.

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