Eduardo Enríquez
Los acuerdos alcanzados el miércoles pasado entre el presidente Enrique Bolaños y el Secretario General del Frente Sandinista, Daniel Ortega, prácticamente tiran al cesto de la basura la Nota Powell, que fue la estrategia —algunos le llaman “la orden”— que trajo el secretario de Estado de Estados Unidos para que los liberales bolañistas y arnoldistas se unieran y aislaran al Frente Sandinista. Claro, dejando por fuera también a Arnoldo Alemán. ¡Y vale más que la hayan tirado al basurero!
Porque de todas maneras la estrategia de la Nota Powell ya había fracasado totalmente. Los “arnoldistas” tenían sólo una demanda: la libertad absoluta de su líder. Ningún acuerdo con el gobierno de Bolaños podía avanzar si no pasaba por ahí, y lo que la Nota Powell más bien había logrado era unir a los caudillos, ya que pretendía pasar la Ley de Carrera Judicial para quitarle el control ahí al Frente Sandinista, y mantener preso, y peor aún, dejar sin partido a Arnoldo Alemán. Ante esas posibilidades les resultaba más fácil y lógico a los caudillos aliarse entre sí.
La Nota Powell igual que la Nota Knox, que dio al traste con el gobierno de José Santos Zelaya, habría terminado con el gobierno de Bolaños, aunque esa no hubiera sido su intención. También los gringos se equivocan. Ojalá haya aprendido eso Bolaños.
Porque no es que a mí me disguste la idea de que un Partido Liberal Constitucionalista, depurado de Arnoldo Alemán y los más recalcitrantes arnoldistas, pueda gobernar unido. Tampoco es que me guste ver cómo los sandinistas venden bien caro su voto para “garantizar la estabilidad”, comportándose como gángster que venden “protección”.
Pero la verdad es que política, como dicen, es el arte de lo posible. El pragmatismo siempre se va a imponer a los dogmas, y lo necesario aquí es garantizar un mínimo de estabilidad siempre y cuando la meta sea construir un Estado cada vez más institucional, obediente de las leyes y las instituciones.
Muchos dirán para rebatir ese argumento, que eso no es posible con este reciente acuerdo ya que pasa, indudablemente, por quitarle las garras y los dientes a la Ley de Carrera Judicial, garras y dientes necesarias para arrebatarle al Frente Sandinista el control del Poder Judicial. Es cierto que lo hace más difícil, pero no lo hace imposible.
Algo tendrá que ceder el Frente Sandinista, y si los negociadores de Bolaños son hábiles por esa ruta deberían de ir algunas de sus demandas, porque al fin y al cabo Ortega y los sandinistas negocian con Bolaños porque quieren lavarse un poco la cara, por el contrario, el precio que tienen que pagar para negociar con Arnoldo Alemán —otorgarle su libertad incondicional— es demasiado caro.
Lo que se tiene actualmente —esa alianza entre Bolaños y Ortega— no es lo mejor, no es perfecto, pero al menos permite que se aprueben leyes en la Asamblea Nacional, que el Gobierno funcione sin que sus funcionarios piensen que el día de mañana pueden despertar y darse cuenta que el gobierno de Bolaños se acabó. Y le permite a la ciudadanía concentrarse en cosas más productivas.
Está muy bien que se haya tirado la Nota Powell al basurero y se haya adoptado una política más realista. Hasta ahí es posible llegar por el momento. Para avanzar más, la ciudadanía tiene que arrebatarle la hegemonía política a sandinistas y arnoldistas.