María José [email protected]
Cuando leí el título del Editorial de LA PRENSA del 13 de abril: Corruptos, ¿y qué?, recordé los amargos años ochenta, cuando a la vuelta de cualquier esquina acechaban las “turbas divinas” y con la vulgaridad y arrogancia que las caracteriza (porque aún existen), gritaban: “soy turba, ¿y qué?” Y otra muy utilizada en las universidades, por ejemplo, era: “el que no es turba estorba”.
La actitud y comportamiento de los legisladores arnoldistas y sandinistas de este país es exactamente igual al de las turbas callejeras, es decir hacen lo que les da la gana, ¿y qué? La gran diferencia es que la turba de la Asamblea Nacional le cuesta mucho dinero a Nicaragua. Por lo tanto pregunto a los juristas y expertos en leyes nacionales: ¿cuáles son las alternativas legales que tienen los ciudadanos para disolver este bastión de la corrupción? Muchas personas que escriben en la página de Opinión de LA PRENSA y organizaciones como Ética y Transparencia, han insistido en la necesidad de que el pueblo se pronuncie contra este grupo de infames, sin embargo el llamado a organizarse aún no se escucha.
Me parece que para iniciar, así como se han pronunciado los cooperantes de Nicaragua que integran la Mesa Global de Donantes, de la misma manera deberían de pronunciarse todos los partidos políticos, todas las organizaciones de la sociedad civil, todos los empresarios, todos los comerciantes, agricultores, etc. Los partidos políticos deberían dar el ejemplo y unirse, no para participar en las elecciones municipales, sino para organizar una marcha cívica que detenga inmediatamente el retroceso moral, político y económico que este grupo de abusadores han iniciado.
Es obvio que a estos personajes les importa poco que Nicaragua no ingrese a la Cuenta del Milenio, tampoco les interesa que la gente se eduque y mejore sus condiciones de vida; al contrario, su objetivo es precisamente no permitir que esto suceda. Para mí la explicación es muy sencilla: un país pobre, ignorante y mediocre es lo único que ellos pueden aspirar a gobernar.
Estoy totalmente de acuerdo con el Editorial de LA PRENSA (abril 13 ) cuando sugiere a los cooperantes que suspendan todos los programas de apoyo a los organismos del Estado dominados por los corruptos, y yo agregaría que de manera individual a estas personas y sus dependientes se les declare como indeseables en estos países. En un mundo globalizado se debe estar muy claro del enemigo común, y un país donde no hay justicia, como es Nicaragua actualmente, es tierra fértil para el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo; todas éstas son amenazas mortales para la democracia, la paz y el desarrollo de los países. En otras palabras Nicaragua podría quedar aislada en manos de los caudillos si la ciudadanía no reacciona.
La autora es psicóloga.