Redescubrir el agua

Herman Ríos

Nicaragua nunca ha estado exenta de los vaivenes de la permanente modernidad del mundo exterior. Va llegando paso a paso el idolatrado progreso para sobrevivir, donde la piedra es convertida en oro y plata por las compañías mineras, los árboles transformados en tablones bastos y baratos para la construcción y arte de ebanistas en países ricos, sucumben las montañas para dar paso a los potreros ganaderos, se represan y desvían las corrientes de los ríos, se deposita la basura inorgánica y orgánica en lagos, lagunas y ríos.

Hasta aquí todo da entender que el individuo nacido en el territorio nacional es un destructor, un irracional, un bárbaro. No. No se trata del señalamiento admonitorio y la condena, pero tampoco la consolación. Es explicar que nuestra historia desdichada nos impulsó y nos sigue empujando a buscar compensación afuera: atraer la inversión extranjera creadora o deformadora o a huir del país. Lo que sucede es que el mundo moderno en su marcha de progreso ha visto al planeta como un depósito de recursos que hay que explotar. El país es un desastre total porque queremos y luchamos para entrar al mundo moderno, sin detenernos para hacer un alto en el camino para reflexionar en un único y universal elemento: la falta de preparación.

Detengámonos a analizar un solo lugar de Nicaragua: Managua. La provincia se explicará por similitud. No es necesario profundizar a través del racionalismo, basta con la observación y la experiencia, con el vasto argumento empírico para darse cuenta que el mal principal no está en la anarquía del transporte urbano, en la basura, en el ejército de vendedores y limosneros ambulantes, en los destartalados mercados públicos, en los miserables barrios de la pobretería, en el aumento de la prostitución, en el desempleo y su consecuencia: el delito domiciliar y callejero. El fenómeno que tiene patas arriba al país es inverso a la ciudad, está en el campo, en su periferia: el deficiente y pavoroso manejo del agua.

Managua, asentada en un lugar privilegiado repleto de agua, vive la paradoja de sufrir un déficit de agua potable. Las vastísimas fuentes de agua del lago y lagunas están contaminadas o disminuidas por los bajos caudales de las serranías y montañas. Las autoridades responsables del urbanismo no logran controlar, por deficiencia administrativa o por coima, los permisos para la edificación de viviendas: está reciente el reclamo de muchas zonas de repartos nuevos, vendidas por buena ubicación y elegancia, pero sin agua.

En los barrios marginales la falta de agua es una tragedia y también el ilícito contra la empresa aguadora. El barrio marginal crece por recibir oleadas de gentes proveniente de la provincia, que también viene huyendo de la sequía y su consecuente falta de trabajo: está reciente la noticia del desastre del lago artificial de Las Canoas, con la sequedad se terminó la vega, la pesca y el trabajo jornalero provocando la migración a la capital.

La imagen publicada recientemente sobre el río de Las Maderas, fue de una lavandera haciendo un hoyo para sacar agua del lecho; ella se quedó allí por temor, pero su familia joven se ve obligada a buscar sustento en las zonas francas o de vendedor ambulante. El hermoso río Viejo es un remedo de lo que fue, y la zona está convertida en zarzal seco y desolación, los habitantes vieron desde la otra orilla del lago las luces de Managua y no dudaron en ir tras de tanto progreso.

La Managua de una década más será un lugar sin agua potable y va a tener que sobrevivir, con el doble de sus barrios, con una mísera porción de agua. Fuentes contaminadas por las alcantarillas hediondas de basura, del arrastre de lodo por las zanjas hechas por las correntadas desviadas por los muros que se multiplican, por el sinnúmero de fosas sépticas que se perforan sin control y los desechos de la promiscuidad de los asentamientos clandestinos.

Ahora están luchando por la Alcaldía de Managua: un candidato del PLC, dos precandidatos del GUL, dos precandidatos del PC, un candidato del FSLN y uno de la UN. Se les nota felices por efectuar su proselitismo con el trillado y anacrónico método de regalar gorras, fotografías, balones, camisetas y darse patadas debajo la mesa. Ninguno está preocupado de redescubrir el agua.

El autor es escritor.

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