Javier Meléndez Quiñónez*
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El libro blanco de la defensa
Javier Meléndez Quiñónez*
En las ediciones del 29 de febrero y el 4 de marzo del Diario LA PRENSA se publicaron sendos artículos sobre el Libro Blanco de la defensa nacional. Seguramente pocos nicaragüenses saben de la importancia institucional de que una nación disponga de un documento de esta naturaleza.
Un Libro Blanco de la defensa nacional expresa la visión de Estado sobre su entorno de seguridad, las amenazas que perciben sus ciudadanos y las grandes líneas estratégicas que ayudarán a garantizar precisamente la seguridad y la defensa de la nación. Es un documento que entre otras cosas analiza y evalúa los recursos humanos y materiales que el país tiene y necesita para garantizar su seguridad, su inserción en las nuevas tendencias internacionales de seguridad, y la organización y despliegue de sus fuerzas armadas en relación al ambiente de seguridad. Pero por sobre todo denota la madurez del liderazgo político y civil en su función de ejercer un efectivo control sobre los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad nacional. A nivel hemisférico los libros blancos son utilizados como guías fundamentales de las políticas públicas de defensa y la seguridad.
Las experiencias de elaboración de libros blancos en Sudáfrica, Chile, Argentina o Guatemala muestran claramente que al momento que se lanzan los procesos de formulación de los libros blancos, los ciudadanos usualmente están poco o nada interesados en el tema. Se evidencia también que los gobiernos, a través de sus ministerios de Defensa, se ven en la necesidad de dar pautas y orientación a los ciudadanos por medio de publicaciones, foros nacionales, talleres locales, etc. para que comprendan sobre la importancia de un documento de este tipo. Y dentro de la administración del sector público es usual que los ministros de Defensa trabajen arduamente para que su jefe, el Presidente de la República, así como los asesores usualmente más poderosos que ellos entiendan la prioridad e importancia estratégica de un Libro Blanco de la defensa nacional.
La literatura especializada en estos temas evidencia con claridad casi meridana que hay una relación constante entre la percepción que sienten los ciudadanos de si sus fuerzas armadas están o no sometidas a un verdadero control civil y las demandas de mayor y mejor participación ciudadana. Además es manifiesta la tendencia que cuando los legisladores participan de manera efectiva en las consultas sobre libros blancos los ciudadanos perciben dicho proceso como más legítimo. La información disponible indica también que en países donde hay una tradición ya institucionalizada en elaboración de libros blancos existe una burocracia civil mejor y más especializada en la formulación y administración de políticas públicas sobre defensa y seguridad.
Debe notarse además que la formulación del Libro Blanco de la defensa nacional es una función absolutamente indelegable por el Estado. Hablan y escriben los especialistas que es prácticamente el único bien que el Estado está en la obligación de producir y administrar. La defensa nacional no puede descansar —en su formulación y administración— en una universidad, un grupo de notables o en algún erudito centro de investigación. De allí que la función que le cabe y compete al Ministerio de Defensa durante este proceso es fundamental y de primera línea.
Se entiende de esta manera que el éxito de un proceso de este tipo descansa en buena parte en un Ministerio de Defensa coherente y consistente, con efectivo liderazgo que se expresa en la calidad de sus expertos, en su estrategia de comunicación e información al público y en el diseño de metodologías de consulta que verdaderamente dan la oportunidad para que los ciudadanos se sientan partícipes del proceso. Particularmente para el caso de Nicaragua, un ejército fuerte y un Ministerio de Defensa débil o errático durante la elaboración del Libro Blanco tendría más consecuencias negativas para el país de lo que se pueda creer.
Me atrevo a decir finalmente que en cierta forma la participación ciudadana mejora cuando centros de investigación, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos en general tienen garantizada la oportunidad de apoyar y participar en la transmisión y la generación de información de lo que como ciudadanos entendemos debe ser nuestra seguridad. Contrario a esto podría ser en extremo delicado y poco ético que las autoridades políticas y las fuerzas armadas pensaran erróneamente que en su formulación, un Libro Blanco necesita más de especialistas, expertos y militares, que de ciudadanos del día a día o de organizaciones o centros de los que se puede asumir ligeramente que no les interesará participar porque no están vinculados necesariamente a estos temas de seguridad.
* El autor es director del Instituto de Estudios Estratégicos