Guillermo Rothschuh [email protected]
La Facultad de Ciencias de la Comunicación completó un nuevo ciclo en la formación académica de quienes trabajan el tema de la niñez en Nicaragua, para lo cual contó con el apoyo decidido de Save the Children Noruega, Dos Generaciones, Unicef y la Procuraduría Especial para la Niñez y Adolescencia.
Este segundo postgrado fue una reedición exitosa, comparado con los logros obtenidos en el curso anterior. Las razones para haberlos alcanzado son múltiples. La primera y más importante fue la mejoría sensible introducida en el currículum. Se tuvo especial cuidado en hacer un rediseño en la metodología y en la selección del cuerpo docente. También se hicieron cambios en el contenido del curso, sobre todo con la inclusión de temas vinculados a la prevención de drogas y estupefacientes y prevención de la explotación sexual. El tema central de estudio giró en torno al Código de la Niñez y Adolescencia, un instrumento jurídico cercado por la suspicacia y una incomprensión explícitamente calculada.
Tengo la absoluta convicción de que lo aprendido se traducirá no en un nuevo compromiso, puesto que todos de una u otra manera ya lo tienen, sino en un nuevo tratamiento en la naturaleza y carácter del trabajo que desarrollan a favor de la niñez nicaragüense. Ése es el principal objetivo. Este postgrado ha sido estructurado para llenar carencias y multiplicar los resultados. Tiene como punto de partida y eje rector las circunstancias por las que transita la niñez de un país empobrecido que sigue reclamando una nueva agenda a favor de este segmento poblacional mayoritario, al que debe ofrecérsele opciones dignas al más breve plazo.
Siendo realista pienso que la principal contribución será comprometer sus esfuerzos para aclimatar la idea de que los temas de la niñez requieren de otra aproximación, asumiendo este trabajo de una forma prioritaria y urgente, a través del diseño de una agenda que están obligados a replantear y asegurar su cumplimiento. Eso es lo mínimo que uno puede esperar de todos los graduados en la segunda promoción del postgrado sobre Derechos de la Niñez y Comunicación.
Los resultados de estos postgrados son tangibles. Están a la vista. El reenfoque periodístico o comunicacional en el tratamiento de los hechos y circunstancias en las que participan jóvenes, adolescentes y la niñez nicaragüense son perceptibles. Éste ha sido un logro significativo. Aunque resulta más halagador observar cómo en algunos medios de comunicación no sólo el tratamiento ha variado, el cambio más significativo ha consistido en abrir un espacio diario al tema de la niñez con un enfoque novedoso, respetuoso de su condición y atentos a lo que pasa en su entorno.
Gracias a distintos esfuerzos mensurables los temas de la niñez comienzan a perfilarse en el país desde otra óptica, más humana y firmemente comprometida con el destino del 67 por ciento de la población nacional. Pienso que la tendencia abierta por los graduados en estos postgrados deberá profundizarse y tornarse irreversible. Si se partiera de la creencia de que todo está hecho estos cursos no tendrían razón de ser. Lo que justifica su apertura son los cambios que han venido suscitándose en algunos medios de comunicación que han comprendido la necesidad y urgencia de una mayor apertura y un nuevo enfoque en los temas en que se ve involucrada la niñez, adolescencia y juventud nicaragüenses.
Lo que se espera de esta promoción es que su trabajo y ejemplo trasciendan. Los profesionales que asisten a un postgrado sobre comunicación y niñez, lo hacen con el firme propósito de tener una visión más amplia y rigurosa sobre un tema en el que sus compromisos son más que evidentes. Se asiste a un curso de esta envergadura para mejorar el desempeño profesional. Es obvio que la favorecida no será únicamente la niñez. En la medida en que su labor se amplíe y traduzca en una mejoría en el tratamiento de los temas más sensibles y acuciantes de nuestra niñez, la gran beneficiada será la sociedad nicaragüense en su conjunto.
Ahora hay que traducir en la práctica lo aprendido en las aulas. No hay tiempo que perder. El futuro ya comenzó. El mañana no espera.
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA. Este artículo está basado en su discurso de clausura del segundo postgrado en Derechos de la Niñez y Comunicación.