Un retrato de Alemán

Julio Ignacio Cardoze

Como hombre público se hizo famoso, por su súbita, sorpresiva e injustificada riqueza. Su egocentrismo, su pobreza espiritual, su falta de nobleza, su cinismo, su falta de escrúpulos. Por manipular la verdad, las personas, las instituciones del Estado, al clero y la religión. Por su vulgaridad, sus groserías, sus jayanadas y bayuncadas.

Pasará a la historia por su insistencia y tenacidad en anteponer sus intereses personales a los de la nación. Por traicionar las esperanzas de progreso, transparencia, desarrollo, institucionalidad y Estado de Derecho, que el pueblo depositó en él cuando le dio su voto.

Tiene sobre sus hombros la responsabilidad de haber desperdiciado la oportunidad para conducir al país hacia el postmodernismo social, político y económico, luego de décadas de dictaduras, conflictos armados y tiranías totalitarias.

La historia pesa sobre Arnoldo Alemán como sobre un dinosaurio. Su recuerdo, como el de Daniel Ortega, será triste y desagradable, como una mala pesadilla. Quiso hacer con el liberalismo lo mismo que con su gobierno. Corromperlo! Convirtió el PLC en su propiedad, como su gleba, con todo y siervos. El PLC fue un partido digno de mejor destino, que representó un movimiento redentor de las aspiraciones liberales y nacionales; que se organizó con el esfuerzo de muchos y se fundamentó en multitud de ilusiones.

El PLC ha sido reducido por Arnoldo Alemán a un organismo famélico, en una banda de oportunistas con miedo a la libertad, irresponsables, usufructuarios fraudulentos del bello nombre liberal. Lo rebajó a una pandilla, un rebaño de incapaces de pensar por sí mismos, pobres en propuestas y nulos en perspectivas, empeñados en sobrevivir para servir al patrón y recoger las migajas que caigan de su mesa.

El ex Presidente, exento de ideología, sin principios, sin visión, sin valores, incapaz de aportar ninguna de las cosas que dan significado a la vida de una nación, pero abundante en ambiciones y codicias, se apoderó de una diputación en la Asamblea Nacional desde la cual, con su característica audacia, pensó seguir gobernando. Pero su osadía y atrevimiento lo traicionaron, la jugada le salió mal. Fue defenestrado de la Asamblea, juzgado y condenado por los tribunales que no tuvieron alternativa ante las abundantes evidencias y la confesión de su cómplice.

También ha sido condenado por la historia y la opinión pública nacional e internacional, pero mientras tanto, estorbó la gobernabilidad y el desarrollo, manteniendo el país estancado.

Durante su gobierno, hizo lo que quiso y abusó de cuanto privilegio tuvo a su alcance. No conoció limites. Nada fue suficiente para saciar su avidez, ni para hartar su avaricia, ni para usar en beneficio propio, de su familia y de sus compinches. Arnoldo Alemán como hombre público está acabado; aunque llegara a ser amnistiado y candidato, no tiene futuro, está marcado internacionalmente. No se cuál será el final de su carrera política, pero si sé con certeza lo que no será.

Tenemos que cerrar ese capítulo, darle vuelta a la pagina, con él y con Daniel Ortega. Los partidos PLC y FSLN si quieren sobrevivir tienen, imperiosamente, que rescatarse a sí mismos. Nicaragua tiene que dejar de ser un Estado de necesidad y lástima, y pasar a ser un Estado de Derecho. Nicaragua tiene que seguir adelante, pero eso será posible solamente si los nicaragûenses queremos que así sea.

El autor es jurista.

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