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Las lecciones de El Salvador
Lo único sorpresivo que hubo en las elecciones presidenciales del domingo recién pasado en El Salvador, fue la afluencia de votantes que pasó del 60 por ciento en contraste con las elecciones anteriores, en las que ni siquiera llegó al cuarenta por ciento.
Sin embargo no hubo sorpresa en el resultado de la votación, pues todas las encuestas profesionales y confiables habían indicado que el oficialista partido de centro derecha Arena y su candidato Antonio Saca, derrotarían al izquierdista FMLN y su líder comunista Shafick Handal.
No se cumplió, afortunadamente, el temor de que en El Salvador ocurriera lo mismo que en las elecciones de España, celebradas apenas una semana antes, donde las encuestas anticipaban la victoria del centrista y también oficialista Partido Popular, pero la mortandad que causaron los terroristas cuatro días antes intimidaron a una buena parte de la población electoral, que cambió su intención de voto a última hora y favoreció al Partido Socialista, confiando en que con éste en el gobierno los terroristas islámicos no volverán a atacar en España.
A Dios gracias no hubo atentados terroristas en El Salvador. El único miedo de la población salvadoreña fue a la ominosa candidatura presidencial de Shafick Nadal, pero el efecto de este temor fue que aumentaran la cantidad de votantes y el porcentaje de votación a favor del candidato democrático Antonio Saca, que resultó mucho mayor que lo anticipado en las encuestas.
Al respecto fue muy significativa la actitud del candidato efemelenista Schafick Handal, quien al reconocer su aplastante derrota no tuvo la hidalguía de felicitar a su contrincante victorioso, como lo hizo en España Mariano Rajoy con Rodríguez Zapatero y como lo suelen hacer todos los políticos democráticos. Por el contrario, Schafick Handal amenazó a Antonio Saca con que no le dará tregua a su gobierno, anticipando desde ya una política de oposición ciega y desestabilizadora.
La actitud extremista de Nadal no sólo demuestra la abismal diferencia política y ética que hay entre los políticos demócratas y los totalitarios, sino también la situación de odio e intolerancia que hubiera sobrevenido en El Salvador si el FMLN hubiera ganado los comicios del domingo pasado.
Afortunadamente en El Salvador no triunfó el extremismo sino que prevalecieron la razón, la moderación y la sensatez; lo cual significa un clamoroso triunfo no sólo del pueblo de El Salvador, sino que de todo Centroamérica, que suficientes problemas tiene ya como para adicionarse el de un gobierno en la región del tipo de Castro, Chávez u Ortega.
Por otra parte, también es importante señalar que de la elección presidencial salvadoreña celebrada el domingo anterior, se derivan enseñanzas muy importantes para la derecha y la izquierda, que ojalá los dirigentes políticos de Nicaragua pudieran aprovechar para bien de ellos mismos y de la nación.
En cuanto a la izquierda, la lección más importante que se deduce de la elección presidencial en El Salvador, es que para resolver los problemas del presente y abrir el camino hacia el futuro no se deben hacer propuestas políticas y personales que representan el pasado. Tal fue el caso de Schafick Handal, quien simboliza descarnadamente la guerra, la lucha armada fraticida, el totalitarismo estalinista, y representa además una oferta de desestabilización de las instituciones democráticas y del sistema económico basado en la libertad, que tan buenos resultados ha dado a la nación independientemente de sus insuficiencias.
Y en lo que se refiere a la derecha, la lección fundamental es que para ganarse y mantener la credibilidad y la confianza nacional no hay que confiar en caudillos carismáticos pero corruptos e incompetentes, sino que es preciso renovar permanente los liderazgos partidistas y gubernamentales.
El ejercicio de la democracia presupone la libre competencia entre diversas opciones partidistas, personales, políticas e ideológicas. La alternabilidad en el poder de personas, partidos e ideologías es sana y recomendable para el mejor funcionamiento del sistema democrático. Lo malo es aferrarse al pasado, a las políticas e ideologías extremistas, al caudillismo en el poder y en los liderazgos políticos.
Si los dirigentes de los partidos y sus bases aprendieran esa lección, Nicaragua podría progresar más rápidamente y sin tantos sobresaltos causados por el caciquismo, el autoritarismo y la corrupción.