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El supremo valor de la credibilidad
En esta misma sección de Opinión publicamos hoy el artículo Incomprensible actitud de LA PRENSA, en el que se nos acusa de querer destituir y meter a la cárcel al presidente Enrique Bolaños, porque supuestamente lo queremos ver “al lado del ex presidente Arnoldo Alemán, encarcelado y acusado de corrupción”.
Semejante absurdo se dice porque el martes de esta semana publicamos una información relacionada con una cuenta bancaria de la Fundación Democrática Nicaragüense (FDN) que Arnoldo Alemán usó supuestamente para lavar dinero ilícitamente obtenido, la que también fue utilizada por la campaña electoral de Bolaños; lo que confirmaron funcionarios del presidente Bolaños que visitaron LA PRENSA el miércoles pasado y dijeron que fue un error haberla utilizado.
Se dice en el mencionado artículo que hasta la publicación de esa noticia LA PRENSA respaldaba la gestión gubernamental del presidente Bolaños, pero que ahora lo “ataca” porque está apoyando a un pre-candidato de Arnoldo Alemán a la Alcaldía de Managua, debido a que ese pre-candidato es miembro de la familia Chamorro. Otro absurdo.
En realidad esa acusación es la misma que hizo Daniel Ortega a LA PRENSA, el 21 de febrero recién pasado, molesto porque investigamos e informamos de manera independiente sobre el asesinato del disidente sandinista Carlos Guadamuz. Y en lo que respecta al presidente Bolaños, también lo que hemos hecho es cumplir nuestro derecho y obligación de informar acerca de un asunto de interés público que, además, forma parte de un proceso judicial por delitos electorales que se tramita en un juzgado criminal de Managua.
Es comprensible que haya personas, como Daniel Ortega, que no puedan o no quieran comprender que en un país democrático la prensa independiente se caracteriza precisamente por informar lo que los políticos y en particular los gobernantes no quieren que se informe. Ni puedan entender que la duda y el escepticismo es una condición indispensable del periodismo, sobre todo con lo que dicen e informan los líderes políticos y del Gobierno, o sus voceros, partidarios y defensores oficiales u oficiosos.
Y en cuanto a las personas democráticas, podemos entender que a algunas les cueste admitir que un periódico verdaderamente independiente no apoya a ningún dirigente político y partidista, gobernante u opositor. En realidad, la tradición del periodismo en Nicaragua ha sido alinearse hasta de manera apasionada con uno u otro partido, gobierno y candidato. De manera que es comprensible que algunos crean que porque determinado candidato a un cargo de elección popular es pariente de los propietarios o directivos de LA PRENSA, ésta tiene que apoyarlo. Eso es lo que se hacía antes y LA PRENSA pagó por ese error costosas consecuencias.
Sin embargo, desde mediados de los años noventa del siglo recién pasado LA PRENSA se ha convertido en un diario estrictamente profesional y por lo tanto independiente no sólo con respecto a gobernantes, partidos políticos y candidatos, sino también en relación con cualquier otro eje de poder fáctico o institucional.
Eso es lo que explica que, por ejemplo, los sandinistas acusen a LA PRENSA de ser gobiernista o arnoldista mientras que los bolañistas la señalen como sandinista y los PLC dicen que somos sandinistas y gobiernistas al mismo tiempo. Y nos satisface que digan eso porque significa que LA PRENSA está manteniendo su independencia y que sólo se somete a los intereses de la comunidad y a los principios y valores de la justicia, el derecho, la democracia y la libertad. LA PRENSA cuida su credibilidad por encima de cualquier otra cosa. Y la credibilidad se basa en la veracidad, el rigor periodístico y la independencia ante los gobernantes, líderes políticos, partidos o candidatos, cualesquiera que sean.
Desde 1926, cuando se fundó LA PRENSA, en Nicaragua han pasado por el poder 16 presidentes, 11 miembros de juntas de Gobierno, e innumerables alcaldes de Managua. Pero mientras que todos ellos desaparecieron LA PRENSA sigue existiendo y gozando de la preferencia del público, gracias precisamente a su independencia, profesionalismo y credibilidad. Y sería estúpido cambiar el inmenso y valioso patrimonio de la credibilidad por apoyar a un Presidente, a un cacique político y a algún candidato a alcalde de Managua o de cualquier otro lugar de Nicaragua.