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Dolor y firmeza
LA PRENSA expresa por este medio su sentimiento de duelo por las casi 200 personas que fueron asesinadas con los atentados terroristas de ayer en la madrugada (hora de Nicaragua) en Madrid, España. Y hace llegar a toda la nación española el testimonio de su solidaridad, particularmente a los miembros de la representación diplomática de España, acreditada en Managua, y a la comunidad de residentes hispanos en Nicaragua.
Sin duda que Nicaragua tiene un mayor deber de solidaridad con España que otras naciones democráticas del mundo, porque lamentablemente en un pasado todavía reciente y que amenaza volver a ser presente, el territorio nicaragüense ha sido refugio de terroristas de diversas partes del mundo, incluyendo etarras españoles.
Según las informaciones oficiales, los sanguinarios atentados de ayer en Madrid fueron perpetrados por miembros de la banda terrorista ETA. Todos los indicios apuntan hacia ésta, sobre todo por el tipo de explosivos usado en las explosiones de ayer, que es el mismo utilizado antes por ETA en sus acciones asesinas que, dicho sea de paso, nunca antes tuvieron una magnitud tan horrorosa como ésta de ahora.
El hecho de que sean miembros de ETA los genocidas de ayer, es importante para la justicia ordinaria española. Sin embargo, para el sentido de humanidad en general es irrelevante que sean de ETA, Al Qaeda o Brigadas Rojas italianas. Para la justicia humana universal los terroristas no tienen nacionalidad, de la misma manera que no son seres humanos, sólo bestias sanguinarias.
El terrorismo, quien quiera que sea el que lo ejecuta: de izquierda o derecha, musulmán u occidental, de Al Qaeda o de ETA, es una degeneración humana llevada a la máxima expresión. El terrorismo no se genera en los conflictos nacionales o sociales y, por lo tanto, no tiene ninguna justificación moral ni política.
Realmente, el terrorismo no es una forma de acción política, ni siquiera de lucha armada, sino una aberración que se basa en la ejecución impredecible, sorpresiva y cobarde de acciones extremadamente violentas y sádicas de muerte y destrucción, dirigidas en particular contra la población civil, para aterrorizarla. Los terroristas no tienen sentimientos ni emociones que son propias de los seres humanos. Sólo les interesa producir terror en la población y por eso siempre escogen como sus víctimas propiciatorias a personas y multitudes inocentes, ajenas a los conflictos políticos, nacionales y sociales, sin importar lo que esas personas hayan hecho o no.
De manera que es correcto decir que el terrorismo y los terroristas son intrínsecamente inmorales y perversos; son una encarnación del mal superior, que pretende decidir de manera criminal sobre la vida o la muerte de los demás. Y por eso mismo es que todo terrorismo y todos los terroristas son condenables por igual.
Al respecto, hace menos de un mes, el 11 de febrero recién pasado, el director del diario ABC de Madrid, J. Antonio Zarzalejos, escribió que: “La irrupción de la delincuencia terrorista ha abierto una nueva sensación de desasosiego moral. Las víctimas del terrorismo son, estrictamente consideradas, emblemas de una convivencia que se quiere destruir, de un orden que se pretende alterar, de unos valores que se intentan derrotar. No importa, a los efectos del terrorismo, que el asesinado sea un general, un guardia civil, un policía, un político, un periodista, un intelectual o un ciudadano sin relevancia pública. Cada víctima es un golpe general y poco les importa a los victimarios su condición”.
La matanza causada por los terroristas ayer en Madrid, que produjo de una sola vez más muertos que en los últimos doce años de actividades criminales de ETA, reconfirmó dolorosamente la observación del eminente periodista español.
Y precisamente por eso, en el mensaje que envió ayer a la nación el Presidente del Gobierno español, José María Aznar, quien está a punto de concluir sus labores gubernamentales, pues en las elecciones del próximo domingo se escogerá a su sucesor, dijo que éste es un momento de dolor pero también de firmeza.
Dolor por la gran cantidad de sangre inocente derramada a causa de la vesania terrorista, y firmeza en la defensa de las instituciones y los valores democráticos que los terroristas pretenden destruir, pero que no hay duda que nunca lo conseguirán.