La importancia del equilibrio en la humanidad

Amir Alwan Hamad Artola

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La importancia del equilibrio en la humanidad


Amir Alwan Hamad Artola




En ocasión del Día Internacional de la Mujer, deseo compartir mis reflexiones sobre la necesidad de fomentar una cultura basada en la equidad, como un acto de justicia económica y social, a fin de dar a cada quien lo que le pertenece con igualdad de oportunidades para construirse un destino mejor.

Soy estudiante de Administración de Empresas, de la UCA, y escribo sobre este importante tema porque estoy profundamente sensibilizado desde que tengo pensamiento razonado.

Siempre escucho a mi muy querida mamá, María Elena Artola Juárez, hablar sobre temas relativos a la filosofía del humanismo como paradigma de cambio, de crecimiento, de creación, de nacimiento y renacimiento, de encuentro, de amar…, y siempre la veo escribir para esta misma Página de Opinión sobre temas alusivos a los derechos humanos en el contexto del VIH y el sida, la no discriminación hacia las mujeres, la igualdad de oportunidades, el lenguaje de desarrollo humano o el enfoque de género.

Además, mi amada novia, la bella e inteligente Nilda Núñez Sevilla, es otra gran apasionada del humanismo, el amor y la ternura.

Aprender a ser mejores cada día, practicando y fomentando el respeto hacia los demás y potenciando nuestra autoestima, con sentido de justicia social, podría ser la mejor columna vertebral para lograr el equilibrio en las relaciones humanas y desaparecer las relaciones de desigualdad y de subordinación por razones económico-sociales, de sexo, minusvalía, edad, religión o raza.

Si la vida surge de la reciprocidad entre mujeres y hombres, ¿por qué tanta desavenencia? ¿por qué a través de los tiempos insistimos en ubicarlas en peldaños inferiores, como si nacieran marcadas para obedecer y para servir?

En necesario que los hombres asumamos una actitud de reconocimiento hacia las mujeres, que se traduzca en la defensa de sus derechos en todos los espacios. Ellas son esencia y verbo de la trascendencia espiritual. Existen similitudes y diferencias entre los seres humanos, y esta diversidad en vez de desunirnos debería ser la piedra angular de la complementariedad y solidaridad mutuas, para enriquecernos el alma.

Otro punto de partida para el cambio es aprender a expresar, sin temores, nuestros más nobles sentimientos de amor y de ternura, así como brindar apoyo cuando alguien lo necesite, sin esperar retribuciones. Si todos fomentáramos estos talentos, tratando siempre de comprender antes que ser comprendidos, estaremos dando un paso firme en la Tierra y en la historia para contribuir con este complejo proceso y encontrar el equilibrio que necesita la humanidad para que este mundo sea mejor.

Cuando los hombres seamos capaces de comunicarnos con ternura, sin aires de superioridad frente a las mujeres; cuando desarrollemos la capacidad de decirle a la madre, al padre, al hermano, a la hermana, a la novia, a la esposa, al familiar: yo te amo, yo te quiero; y cuando aprendamos a expresarle con espontaneidad a las amigas y amigos, a los colegas y vecinos, lo mucho que les apreciamos, estaremos aportando luces a la configuración de un nuevo modelo de convivencia humana, pacífica y hasta placentera.

Tenemos que reconocer que el respeto parte del aceptarnos tal como somos, con nuestras fortalezas y debilidades, no hay persona totalmente buena ni totalmente mala, lo importante es desarrollar el lado bueno, solidario, transparente, pero esto sólo lo vamos a lograr cuando todos asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde en esta anhelada historia de trascendencia, de nacimiento y renacimiento, con sentido de justicia individual y social.

Se trata de actuar ahora y no esperar a que transcurran 25 años o más, porque no hay futuro si desde el presente no se construye la posibilidad de realizarlo. Promesas y esperanzas en sí no contribuyen al cambio, porque promesa, significa juramento y esperanza, significa esperar. Ya no hay tiempo para ambigüedades.

La celebración del día de las mujeres me inspiró escribir estas reflexiones porque considero que los hombres de esta bella pero cautiva nación, por el oportunismo de muchos y el desánimo de otros, tenemos que asumir una actitud aportativa y proactiva para hacerle justicia a nuestras valientes e inteligentes mujeres, quienes a través de la historia han demostrado sus competencias y habilidades.

El autor es estudiante de la UCA.

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