Luis Sánchez [email protected]
Al parecer está volviendo a Nicaragua la “moda” del asesinato por encargo, o ajuste de cuentas.
Asesinato, dicen los criminalistas, es cuando se mata a una persona con alevosía (traición o perfidia), por paga o promesa de recompensa, o con premeditación y/o ensañamiento.
El asesinato es una desviación de la conducta humana y según la historia bíblica nació con la misma humanidad, pues apenas en la segunda generación uno de los hijos de Adán y Eva (Caín) asesinó a su hermano (Abel). En este caso, aseguran los expertos, el asesinato adquiere el carácter de parricidio, que es peor.
Los etimólogos dicen que la palabra asesino se deriva del vocablo árabe hassasis, o hashischin (bebedor de hasis o haschisch, una droga vegetal), como se le llamaba a cierta agrupación que habitaba hace unos mil años en las montañas de Fenicia. Supuestamente, los asesinos eran contratados por los sarracenos para matar a los príncipes y capitanes cristianos, en la época de la expansión musulmana en Europa y de las Cruzadas cristianas en Tierra Santa.
En realidad, los asesinos eran fanáticos que formaban parte de una secta religiosa, quienes al iniciarse hacían el voto de matar a quien fuese, siempre que el jefe se los ordenara. El fundador y primer gran jefe de la secta de los asesinos fue un fanático musulmán del siglo XI de nombre Hasani Sabbah, a quien se le llamaba “El Viejo de la Montaña”. Él mismo habría reclutado un ejército de ismaelitas del norte que lo siguió hasta El Alamut (nido de águila, en idioma persa) un castillo súper fortificado que estaba situado como a 2 mil metros de altura, en una montaña de la antigua Fenicia.
(Los ismaelitas eran o son una rama de musulmanes chiítas (escisión) que a su vez están divididos en partidarios de siete imanes y seguidores de todos los doce imanes —imanitas—. El chiísmo se originó entre los musulmanes que después de la muerte del profeta Mahoma sostuvieron que el primer califa (contracción española de Jalifa Rasul Allah, que significa Sucesor del Mensajero de Dios) debió ser Alí, esposo de Fátima, hija de Mahoma. Después desarrollaron una teología propia que gira en derredor de los imanes, considerados como los verdaderos descendientes de Alí y Fátima y, además, poseedores de una especial luz espiritual que viene del propio Profeta)
Pues bien, Hasani Sabbah y sus seguidores construyeron en El Alamut una fortaleza inexpugnable de la que el “Viejo de la Montaña” no salió jamás, pero su ejército de asesinos expandió su reino de terror.
Hasani Sabbah era asceta, y exigía a sus seguidores que también lo fueran. Y durante los doscientos años que duró el imperio de la secta de los asesinos, todos los asesinatos políticos y religiosos ocurridos en el Medio Oriente les fueron atribuidos. Sólo el nombre de los asesinos inspiraba terror y fueron organizadas muchas campañas para liquidarlos, pero todas fracasaron. Particularmente los cruzados trataron de someterlos, lo mismo que los Mamelucos que eran unos combatientes egipcios particularmente feroces, pero no pudieron.
Uno de los últimos “señores de El Alamut”, Sinan ibn Muhammad, intentó varias veces asesinar a Saladino, gran sultán de Egipto, Siria e Irak en el siglo XII, un héroe musulmán que derrotó a los cruzados y reconquistó Jerusalén, y quien, por cierto, no era árabe sino kurdo iraquí.
Los asesinos fueron severamente combatidos, aunque no vencidos, por Saladino, hasta que finalmente el nieto de Gengis Khan, Kublai Khan, los liquidó en el siglo XIII.