El miedo de hablar

Douglas [email protected]

Cuando los periodistas de LA PRENSA trataban de conocer el trasfondo de la venta comercial de armas del Ejército de Nicaragua, o almacén Impacto, más de un funcionario del Gobierno nos dijo que podía darnos información sobre las prebendas fiscales que tiene ese negocio, pero que por favor ocultáramos su nombre. Meterse con el Ejército, les da miedo.

Reunimos información y datos de las direcciones de Ingresos y Aduanas y publicamos un reportaje sobre el negocio de las armas, para civiles, en que han estado involucrados militares y policías. Sin embargo, el mismo día que apareció la información, el lunes pasado, funcionarios del Gobierno recibieron la llamada de un alto oficial del Ejército, que les exigía no seguir filtrando información a los periodistas.

De pronto veo que los papeles se invierten. El Ejército, que se supone está bajo el mando del poder civil, llámese Gobierno o Presidente de la República, golpea la mesa o llama al orden por “debajera”, para que los funcionarios civiles guarden silencio. Si no es así, ¿por qué cunde el temor y pocos en el Estado se atreven a hablar del Ejército?

Es también otra manera de coartar la libertad de expresión y de prensa en Nicaragua. Aunque la Constitución de la República diga que hay plena libertad en ese sentido, el miedo le cierra la boca a quienes pueden exponer, a través de los medios de comunicación, las anomalías que ocurren en el ámbito estatal.

Por eso los periodistas tenemos, muchas veces, que recurrir a informantes anónimos para dar a conocer hechos de trascendencia para la población, como negocios sucios en la administración pública o pistas de crímenes políticos, a riesgo de que se acuse a los medios de estar calumniando o injuriando.

¿Qué otra posibilidad queda cuando los funcionarios públicos temen hablar o investigar a fondo? Sólo los medios de comunicación pueden ayudar a la población a conocer la información oculta y para eso tienen que hacer su investigación propia y con fuentes anónimas.

En el Gobierno, también el Presidente de la República, Enrique Bolaños, manifiesta debilidad o temor. Un periodista de LA PRENSA le preguntó la semana pasada por qué había negocios particulares en las Fuerzas Armadas. Él sólo respondió: “Así es la vida”. El periodista insistió en qué haría para resolverlo. “Te pregunto yo… ¿cómo vamos a hacer?”, le dijo Bolaños.

El Presidente dice que tiene límites, que no es legislador. Pero todos sabemos, porque así está en los papeles, que es el jefe máximo de las Fuerzas Armadas nicaragüenses. Bolaños mandó a la Asamblea Nacional un proyecto de ley para el control de armas, pero en ningún punto prohíbe los negocios privados del Ejército y la Policía. El Presidente no se atrevió.

Hoy, cuando en Nicaragua se celebra el Día Nacional del Periodista, tenemos que reflexionar sobre el miedo que está invadiendo a la sociedad nicaragüense, después que el periodista Carlos Guadamuz fue asesinado el 10 de febrero pasado.

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