Eddy P. Macías C.*
Los gajes del oficio para el periodista incluyen desde las vicisitudes para ejercer el periodismo, el odio irascible de los traficantes de poder y quienes pululan en las sombras del mismo hasta la misma muerte del periodista. Lamentablemente el periodista asume el riesgo como la parte inherente al oficio, llegando hasta las entrañas de la familia en la mayoría de las veces de forma fatal como consecuencia de totalitarismo, la prepotencia, la soberbia y la capacidad de asesinar provenientes de aquellos que se esconden el discurso banal y romántico (de tendencia izquierda o derecha, eso no importa porque al final el periodista es quien sufre las consecuencias), el aroma propio del poder, utilizando como recurso de aplacamiento en contra de los ideales de los hombres que denuncian las arbitrariedades precisamente de los poderosos amén de la ideología que ostentan. En el año 2002 fueron asesinados 37 periodistas en el mundo y 118 fueron condenados a prisión.
La muerte del periodista Carlos Guadamuz Portillo, ex director de Radio Ya, veterano periodista y revolucionario, controversial y algunas veces confrontativo, pero ejerciendo un periodismo muy sui generis —ayudar a los pobres— enarbolando un paradigma propio de su convicción. El vil asesino de un hombre de prensa solamente logra dos propósitos: matar a un hombre o mujer de prensa y querer cercenar el derecho a ser informado (matar a la libertad de expresión). Cuántas veces don Daniel Ortega Saavedra, Arnoldo Alemán Lacayo y el mismo Enrique Bolaños han querido escuchar solamente los cánticos de sirena, enriquecido por el servilismo, el oportunismo y destacando la mentira como recurso para algunos miserables de individuos que vuelan los cascarones como la serpiente. Napoleón manda fusilar a los pusilánimes serviles que trataban de congraciarse, sin embargo es menester de los nicaragüenses cuando la libertad de expresión es amenazada, no importa la ideología del periodista, basta solamente la ética como bandera del mismo para tener voz de aquellos que nunca lo pueden hacer por razones de indigencia y humildad académica. Es condenable el asesinato de Carlos Guadamuz, se lacera al periodismo y en su defecto a la libertad de expresión misma. La libertad de expresión no es regalo de los poderosos (Somoza, Ortega, Alemán, Bolaños y traficantes del poder) más bien es un derecho ganado y abonado por la sangre de miles de periodistas en el mundo.
Es fácil para un asesino ocultar la impunidad de la ocurrencia del delito, simplemente esgrimir un argumento inocente —existe más de un millón de personas que no estaban de acuerdo con el periodista Guadamuz— y dejar estelas de cubrimiento de los asesinos intelectuales, donde la conciencia —Dios ojalá que la justicia aporte también su granito de arena— aunque a decir verdad no lo creo mucho por aquello que la justicia en nuestro país es como la serpiente que pica solamente a los descalzos y Guadamuz siempre defendió a los descalzos. El asesinato de Carlos Guadamuz es un reflejo de los cavernícolas que no aceptan el principio de coexistencia y que la libertad de expresión es una realidad en nuestro medio, pero también debe ser una alerta para el periodismo que ejerce la crítica como un instrumento profesional, abundan las especulaciones desde réditos políticos para un bando u otro, apuntando el temor para el hombre de prensa con el afán de callarlos. Personalmente creo que es bien difícil conseguirlo (callar a los periodistas), porque existen afortunadamente en nuestro país, muchos hombres de la talla de Carlos Guadamuz que hablan por los pobres sin importar el signo ideológico. Carlos Guadamuz descanse en paz, que tus colegas sabrán imitarte, que los asesinos intelectuales sean puestos al tapete público y en sus entrañas sean revolcados por tu ejemplo de excelente periodista. Irónicamente el afán de silenciar a los hombres es el mejor honor que puede atribuírsele, se está reconociendo su superioridad. Carlos, desde hoy sos superior que tus asesinos, sean éstos materiales o intelectuales.
* El autor es licenciado en administración de empresas