Juan Ramón Castillo [email protected]
Me encontraba recorriendo las instalaciones del Instituto Tecnológico de Monterrey, México, cuando en un salón lleno de personas observé que junto con otros mapas de diferentes países se encontraba el de Nicaragua. Inmediatamente mi curiosidad me hizo entrar al salón y preguntar qué estaban haciendo y el porqué del mapa de Nicaragua.
Uno de los participantes me informó amablemente que se desarrollaba en el salón un Congreso Mundial del Agua y el mapa de Nicaragua se encontraba allí porque indicaba el lugar donde estaba situado el Lago Cocibolca, el cual había sido declarado como una de las grandes reservas de agua potable del mundo.
Aunque siempre había sabido que el lago de Nicaragua es uno de los lagos más grandes de agua dulce de América, no me había dado en medir su importancia para el mundo, sólo para los nicaragüenses. Su inmensidad sólo se puede observar desde el aire, lo cual tuve la dicha de contemplarlo en una visita efectuada a San Carlos transportándome por avión hacia ese lugar. Es majestuosa la masa de agua que presenta nuestro gran lago.
Viendo la importancia que tiene el Cocibolca para Nicaragua y el mundo, da tristeza y rabia ver cómo lo tratan “moros” y “cristianos”, contaminándolo. Cuando he visitado las isletas de Granada, durante el recorrido que hacen las lanchas se observan botellas plásticas, latas y bolsas flotando en el agua. Los lancheros podrían ejercer control sobre los pasajeros, podrían educarlos y hacerlos más responsables en el manejo de la basura en el lago. Los extranjeros que nos visitan y los que residen en el país nos critican fuertemente, tanto al gobierno de turno como a los ciudadanos, de cómo lo contaminamos. Una de las opiniones que más he escuchado de ellos y de nicaragüenses, es que nunca debemos permitir que se haga un canal interoceánico que pase dentro del lago, pues un derrame accidental de petróleo lo dejaría inservible por varias generaciones como fuente de agua dulce para uso humano. Además el tránsito continuo de grandes barcos de carga lo contaminarían rápidamente, como lo estaban haciendo las lanchas y motos acuáticas en la laguna de Apoyo, lo cual fue prohibido.
Cuidemos nuestro lago, pues es la futura fuente de agua potable para las principales ciudades del Pacífico y centro del país, siendo Managua la que próximamente tendrá que saciar su sed de este reservorio. En Nicaragua y el mundo las fuentes de agua potable son cada día menos por la irresponsabilidad del hombre y los gobiernos. Todavía tenemos tiempo de parar la contaminación de nuestro gran lago. Por favor no seamos irresponsables con nuestras futuras generaciones. Cuidemos nuestro lago. De nosotros depende hacerlo.
El autor es consultor de empresas.