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Políticos de EE.UU. se “hispanizan”
Según una encuesta de Gallup publicada esta semana en algunos medios informativos de Estados Unidos, si las elecciones presidenciales fuesen mañana el precandidato Demócrata John Kerri ganaría al presidente George W. Bush.
Y hay que creerle a Gallup. Además, de acuerdo con la cábala, que en la política estadounidense es muy importante, el precandidato que triunfa en las primarias de Nueva Hampshire y Iowa gana la nominación de su partido, de manera que ya se puede asegurar que el rival demócrata de Bush en las presidenciales de noviembre será John Kerri, y nadie más.
Ahora bien, por el discurso virulento contra el presidente Bush y todo lo que éste representa en política doméstica y exterior, inclusive a costas de debilitar la confianza ciudadana en la seguridad de la nación, e invitar de esa manera, indirectamente, a que los terroristas intenten asestar otro golpe tan mortal y demoledor como los del 11 de septiembre de 2001, el presidenciable demócrata pareciera ser un candidato nacido de las clases populares y de la izquierda estadounidense. Inclusive, en países periféricos como Nicaragua los izquierdistas se hacen grandes ilusiones con este candidato demócrata y creen que si gana la Presidencia de Estados Unidos volverán los “tiempones” de Carter y Clinton, y mejor todavía.
Pero en realidad ambos personajes políticos –John Kerri y George Bush— se parecen mucho y tienen más rasgos en común que diferencias. En efecto, ambos provienen de familias aristocráticas —de las que en Estados Unidos se llaman “patricias”—; los dos son egresados de la elitista universidad de Yale, e inclusive el precandidato demócrata es mucho más rico que el presidente republicano. Ciertamente, John Kerri es considerado por la crónica política de Washington y Estados Unidos en general como el miembro actual más rico del Senado (675 millones de dólares), aparte de su asociación matrimonial con la señora Teresa Heinz, quien es la opulenta heredera de una inmensa fortuna que ha generado el negocio de la famosa salsa de tomate Ketchup y otros productos de cocina.
Pocas personas recuerdan ahora que el senador John Kerri votó a favor de la aprobación de la última guerra de Estados Unidos contra el Irak de Saddam Hussein, aunque después, cuando advirtió que podía sacar un buen provecho a la inconformidad de gran parte de la población estadounidense por el conflicto iraquí, votó contra la asignación de fondos que pidió el presidente Bush para financiar la reconstrucción del devastado país de Las mil y una noches. O sea que Kerri es un político equívoco e impredecible que no infunde la confianza de tener una política firme acerca de los grandes temas de interés nacional e internacional estadounidense.
En términos generales John Kerri se está comportando como un clásico político hispanoamericano: errático, mentiroso y demagógico. Es cierto que la política y sobre todo las campañas electorales en Estados Unidos siempre han sido mañosas e intrigantes, igual que en todas partes. Al respecto es interesante la lectura del libro de memorias de la actual senadora y ex Primera Dama de Estados Unidos, Hillary Rodhan Clinton, Historia viva, en el que describe las interioridades de la política gubernamental, de las actividades partidistas y de las campañas electorales en ese país.
Pero aparte de las sinuosidades y ligerezas éticas de la política per se, la propiamente estadounidense se ha “hispanizado” bastante en la medida en que ha venido creciendo la población de origen hispano, y con ésta su aporte a la economía nacional y su influencia en la cultura de Estados Unidos de Norteamérica, que cada vez es menos anglosajón que antaño. Los hispanos son ya la primera minoría en Estados Unidos: casi 39 millones de habitantes, o sea el 13 por ciento de la población total de ese país, y está creciendo a un ritmo cuatro veces más rápido que el promedio nacional. Además, el 60.5 por ciento de la población hispana tiene capacidad de votar, pues oscila en las edades de 18 a 64 años.
Por eso es que ahora los políticos estadounidenses que aspiran a los altos cargos de poder están aprendiendo a hablar y entender el español. Pero además del idioma de los hispanos también aprenden sus mañas y defectos.