Avil Ramírez
Con regularidad leo los artículos que publica en LA PRENSA el médico veterinario Jaime Pastora. En su último escrito titulado “¿Alegría o tristeza por la HIPC”, la frustración del articulista es clara. Aunque no debería estar triste —creo yo— por las dudas que pueda tener sobre los beneficios que obtuvo Nicaragua con la condonación del 87 por ciento de la deuda externa, una enorme suma equivalente a seis años de nuestro presupuesto anual.
En su frustración, el doctor Pastora arremete contra todos. Arremete hasta contra los que actuaron con éxito para convencer a los organismos financieros internacionales de que nos apoyaran. Es una mezcla de alegría y tristeza, como se interroga él mismo en su artículo.
Donde sí creo yo se equivoca el doctor Pastora, es cuando afirma “…lo que están haciendo es medio limpiando el crédito y abrir las puertas a un nuevo endeudamiento…” No es así. Precisamente, para no volver a caer en esa tentación, el Gobierno del Presidente Bolaños promovió la creación de la Ley de Endeudamiento Público, que fue elaborada para evitar que en el futuro se vuelva a endeudar a nuestro país más allá de nuestras posibles realidades de pago. Eso es actuar con seriedad.
El Presidente de El Salvador, don Francisco Flores, recientemente resumió magistralmente el éxito de Nicaragua con relación a la condonación de la deuda:
“Debo decir que uno de los grandes logros del presidente Bolaños ha sido el poder conseguir la condonación de la inmensa y onerosa deuda que por 24 años rompió la columna vertebral del esfuerzo nicaragüense.
Por 24 años Nicaragua tuvo el peso de una deuda imposible de pagar, y a base de credibilidad por parte del presidente Bolaños los organismos internacionales recientemente le han condonado a Nicaragua cinco millones de billones de dólares que representan decenas de años de sus exportaciones y que el pueblo nicaragüense ya puede ver el futuro libre de esa deuda.
Ese logro sólo se puede lograr con credibilidad y honestidad y esta noticia es una gran noticia para Nicaragua.
Los beneficios de la condonación de la deuda externa ya se están viendo. Este año tendremos más carreteras, más escuelas, más medicinas y más progreso. Veamos el ejemplo más sencillo: con todas las dificultades en el año 2002 la inversión pública fue de 4 mil millones 235 mil córdobas; este año se invertirán 5 mil millones 812 mil córdobas. Esto representa 1,487 millones más. ¿Será esto motivo de alegría o de tristeza?
Además, con la reducción de la deuda Nicaragua es más atractiva para los inversionistas y dejaremos de pagar 23 mil 400 millones de córdobas anualmente por la deuda heredada y finalmente condonada.
Algún día teníamos que comenzar y ese día llegó. En fin, tal vez ni el doctor Pastora, ni yo veremos el fruto de la semilla que se ha sembrado. Pero puede estar seguro tanto el doctor Pastora como todos los nicaragüenses que sus hijos y los hijos de nuestros hijos valorarán este triunfo del Gobierno del presidente Bolaños y su equipo económico que contó con el respaldo de todos los nicaragüenses sin importar su ideología. Fue por Nicaragua. Es por Nicaragua.
Para concluir, deseo citar lo que el mismo doctor Pastora señalara en su brillante artículo “Justicia nicaragüense, politizada e incierta” publicado en LA PRENSA el 26 de agosto del año pasado: “Definitivamente que los nicaragüenses ya estamos topados de tanta politiquería, de tantas promesas y de tantos robos. Deberíamos ser más solidarios con el ingeniero Enrique Bolaños y apoyar su interés en combatir la corrupción y sobre todo la moción de hacer cambios sustanciales en todos los poderes del Estado, y aún de la misma Constitución”. Coincido plenamente con usted, doctor Pastora. Eso también lo necesitamos para que en el futuro lo gocen nuestros hijos y nietos y que nosotros también seamos testigos de que sí se pudo en esta Nueva Era de la Nueva Nicaragua y reine la justicia.
El autor es Secretario Personal del Presidente de la República.