Amerrisque está “a la vueltecita”

Thelma de Trejos

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Amerrisque está “a la vueltecita”


Thelma de Trejos




Hacia el Atlántico, a 115 kilómetros de flamante carretera desde Managua, topamos con la legendaria hacienda Santa Rosa, mojón de empalme con la de todo tiempo que lleva a Comalapa, corazón y alma de Chontales, mi pueblo. Terruño de infancia y adolescencia del general Emiliano Chamorro, donde atesoramos el solar de mama Goya en recuerdo de nuestra benefactora, Gregoria Vargas, madre de Emiliano, mi bisabuela.

El cerro de Las Cruces ampara desde hace más de dos siglos la cuadrícula fundacional luego plaza según ordenanzas y actas rubricadas en el siglo XVIII, con señas cardinales: el borde alto del este lo domina el modesto frontis barroco de la parroquia a tres naves, baptisterio, sacristía y coro; mientras los costados norte y sur los custodian corredores porticados que en hilera exhiben antiguas casas de barro y madera fina local, como la que antaño albergó el Cabildo, en el extremo oeste, de ilustres sesiones, tertulias y fiestas.

Si salimos del pueblo camino de la Poza de la Virgen –aparición de la Virgencita de Candelaria, matrona del pueblo– iniciamos el ascenso prolongado de la nueva carretera “General Emiliano Chamorro” hacia Miragua. Culebreamos sus faldas de montaña otrora virgen y alcanzamos su ya reducida corona y cada vez más amplia calva, área protegida por decreto de ley, a más de 900 metros sobre el nivel del mar. Ahí comienza Amerrisque, en Miragua, primero en la estirpe de alturas que reinan la cordillera, de espléndido manto vegetal a los pies y cima que asoma lejos hasta el Gran Lago y a un magnífico panorama de todo Chontales y Boaco. Ahí se aprecia clara la división de las cuencas del Atlántico y Pacífico, y los ríos que hacia ellos corren. Los afluentes del Murra y el río Quilile oriundo de la cima añeja y gemela, Oluma, cerro imponente y bellísimo con copioso paraguas de nebliselva y abundantes ojos de aguas. En el que deambulan venados, guardatinajas, saínos y mapachines desprevenidos por sus abras y cañadas; y nidos de oropéndolas colgados en fantasía navideña; y monos y congos sonoros, al borde de sus correntadas; y en la espesura, el bálsamo y el ocote, remedio y luz de nuestros antepasados.

Por la carretera General Chamorro, que bordea la montaña y sus sorpresas, llegamos a las haciendas La Francia –que fue de Chamorro– y Quilile, por el río de Octavio Robleto, cuyas heladas aguas embrujan al caminante y duermen a la barba amarilla. En este punto usted puede escoger seguir a Cuapa, continuar montaña adentro hacia Amores del Sol, o a la comarca El Tesorero –hacia Camoapa– o bien al Matayagual, el monte más alto de la zona, accesible por carretera hasta la cima donde posan las torres de comunicación. Igual podemos optar por ir a Cuapa, otro pueblo de vieja tradición, sobre todo religiosa, puesto lo escogió nuestra Madre Santísima para visitarnos hace ya dos décadas.

Por eso digo que Amerrisque está bien cerca, allí no más, a la vueltecita, apenas a 115 kilómetros de Managua, más 15 a Comalapa y 10 a Quilile; total, a 140 kilómetros o a dos horas y media de una experiencia muy grata y bella. Salga de su casa a las 5 a.m. y regrese a las 5 p.m.; desayuna en Comalapa, almuerza en Cuapa y llega a cenar a su casa, con la mente despejada, después de respirar aire puro y oxigenado de las montañas chontaleñas después de haber visitado Amerrisque. Recorra un rinconcito de nuestra Nicaragua, de mi Chontales, tierra de sorpresas, de maravillas desconocidas y de gente magnífica. Chontales hoy y siempre seguirá siendo lo más bello de Nicaragua.

La autora es productora.

Editorial
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