Alemán y la Cuenta del Milenio

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Alemán y la Cuenta del Milenio





Ayer fue enviada a la comisión dictaminadora de la Asamblea Nacional la iniciativa de interpretación auténtica de la Ley 285 del 15 de abril de 1999 (Ley de Reformas y Adiciones a la Ley 177, Ley de Estupefacientes, Sicotrópicos y Sustancias Controladas), presentada por los diputados del PLC para tratar de conseguir la liberación del ex presidente Arnoldo Alemán, no sólo del cumplimiento de la pena de veinte años de presidio sino también del expediente de los cargos de corrupción.

La pretensión de los diputados del PLC es que se establezca, mediante la figura jurídica de interpretación auténtica de la ley, que el lavado de dinero sólo se vincula al tráfico de drogas y no a otros delitos como los relativos a la malversación de fondos públicos, y de esa manera viabilizar el procedimiento —cualquiera que sea— que les permita liberar al caudillo liberal ahora caído en desgracia.

Al respecto de esa maniobra legislativa para abrir el camino de la liberación de Alemán, la Embajadora de Estados Unidos en Managua, señora Barbara Moore, advirtió el sábado pasado que si eso llegara a ocurrir Nicaragua podría quedar fuera del programa de ayuda al desarrollo llamado Cuenta del Milenio, que pretende privilegiar a los países que luchan efectivamente contra la corrupción, que es considerada como el peor impedimento al desarrollo que hay en el mundo contemporáneo.

La Cuenta del Milenio es un programa de ayuda internacional al desarrollo —del que aún se desconocen los detalles—, derivado de la Cumbre del Milenio de la ONU que se celebró en el año 2000 y en la que formuló en términos generales el objetivo de erradicar la pobreza mediante el fomento del desarrollo, cuyos resultados principales deberán haberse alcanzado de manera total o parcial en el año 2015.

Entre los objetivos de la Cumbre del Milenio se incluyeron la universalización de la enseñanza primaria, el control del sida y otras graves enfermedades de nuestro tiempo, y la sostenibilidad ambiental, para lo cual es indispensable que los países desarrollados apoyen sustanciosamente a las naciones pobres y atrasadas.

Las recomendaciones de la Cumbre del Milenio del año 2000 fueron retomadas por la IV Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en Doha, Qatar, en noviembre de 2001, y fueron concretadas después —en el papel— en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que tuvo lugar en Monterrey, México, en marzo de 2002.

El eje de la Cuenta del Milenio es, sin dudas de ninguna clase, el aumento de la ayuda financiera de los países ricos a promover el desarrollo de las naciones pobres. De manera que la contribución de los países del primer mundo debería ser, según lo que se dijo en la Cumbre del Milenio del año 2000, el equivalente a un 0.7 por ciento de su PIB, y al respecto la Unión Europea se comprometió a elevar su participación en el aporte financiero al desarrollo hasta un 0.39 en el año 2006. Lo que dicho de esa manera no significa nada, pero en realidad esa cifra expresada en recursos financieros representa una cantidad adicional anual de 9,000 millones de euros (más de 9 mil millones de dólares), hasta el 2006.

No tenemos información acerca de cuánto es el aporte de Estados Unidos a la Cuenta del Milenio. Pero también debe ser considerable y sus beneficios sólo podrán ser recibidos por países cuyos gobiernos se ajusten a ciertas condiciones fundamentales, como la aplicación de políticas económicas sanas, practicar el buen gobierno y, ante todo, erradicar o disminuir de manera significativa la corrupción, incluyendo el castigo evidente y verificable a los corruptos.

Algunos analistas latinoamericanos consideran que los beneficios principales de la Cuenta del Milenio serán para los países africanos, y que América Latina no ocupa en realidad un lugar prioritario en ese programa mundial de ayuda globalizada al desarrollo para disuadir la pobreza.

Pero en cualquier caso habrá muchos beneficios. Lo que pasa es que hay que ganarlos, o perderlos como sería el caso de Nicaragua si los arnoldistas alcanzaran su propósito de liberar a Arnoldo Alemán al precio que sea. Lo cual, por el interés nacional esperamos que no lo puedan lograr.

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