Jóvenes en busca de empleo

Carmen Andira Watson Díaz

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Jóvenes en busca de empleo


Carmen Andira Watson Díaz




Siempre hay una primera vez. Tras algunas semanas de repetir la misma acción he venido adquiriendo la rara aunque tal vez más común de las costumbres: leer todos los días las páginas de los clasificados en todo diario que encuentro. Pero qué curioso, en estos clasificados están apareciendo oportunidades increíbles para mujeres de todas las edades. Oportunidades para jóvenes de 18 a 25 años de ganar más de 2,000 córdobas en trabajos de medio tiempo y que no requieren mayor cosa que pesar 120 libras, ser altas y “tener experiencia” —al saber en qué—, oportunidades para mujeres hasta de 50 años en trabajos de “oficina”. Las columnas se repiten y se repiten muchas veces y los nombres de las personas de enlace van cambiando. Pero el mensaje es el mismo.

Mi razón está clara: soy una más entre los miles de nicaragüenses que carga con algunos estigmas sazonados de epítetos agravantes: mujer, joven y sin empleo.

Recientemente una valiente periodista del Diario LA PRENSA realizó una serie de indagaciones sobre los espectaculares empleos que ofertan algunas empresas (mamparas fraudulentas de prostitución y estafa) en las que la pobreza y la necesidad de la gente son el requisito fundamental para ser elegible como “trabajador”. Hay de todo, desde individuos que se encargan de reclutar a los “candidatos”, hasta verdaderos “simuladores” que montan un show de indiscutible realismo donde le inoculan a la gente la idea tóxica de que lo que ofrecen es un trabajo digno e importante, pero que hay que ganárselo a través de la superación de una serie de pruebas que, a como bien dijo esa periodista, rayan en la crueldad.

Me gustaría saber qué está haciendo el Ministerio del Trabajo para dar seguimiento a negocios sucios que explotan y timan a los cientos de desempleados que deambulan en Managua, gastando el poco calzado que les queda, con mendrugos escondidos en la bolsa para cuando el hambre aprieta.

Me refiero a mujeres y hombres, principalmente jóvenes, que aún con el difícil logro de un “cartón universitario” no alcanzan a ejercer su profesión y se conforman —porque realmente no hay de otra— con trabajos para los cuales probablemente están sobre calificados y para los que seguramente han tenido que omitir o alterar parte de su historial laboral, pues de otro modo no consiguen nada.

Hablo también de las mujeres que pesan más de 120 libras y que ya no tienen 18 años, a las que son madres solteras y a las que saben pensar, y que tal vez por eso están apartadas de oficinas donde requieren gente que “vea, oiga y calle”. ¿O es que en las competencias de un ministerio de corte neoliberal, el “laissez faire” que propugna por la total libertad de empresa les exime del castigo de tener que velar por los intereses, garantías y derechos laborales de los ciudadanos?

La autora es licenciada en Relaciones Internacionales.

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