Piedra

Luis Sánchez S. [email protected]

Mañana se cumple el 26 aniversario del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. “Pedro es la piedra sobre la que se funda nuestro culto a la libertad y se levanta el edificio de la República democrática”, dije el año pasado, cuando inauguramos el monumento de dos piedras —una por la libertad en general y la otra por la libertad de prensa— en memoria del doctor Chamorro.

La piedra es el símbolo sagrado más antiguo, la muestra de la fortaleza y la perennidad, del temor a Dios y del compromiso con la libertad. Desde la más remota antigüedad, el hombre le atribuyó a la piedra mágicas virtudes. Las enigmáticas piedras de Stonehegen, en Inglaterra, se yerguen como un admirable testimonio de esa antigua adoración. Y en algunos lugares todavía hoy se venera a la piedra, como ocurre en ciertas regiones de Noruega donde los campesinos a algunas las rocían con leche o cerveza y depositan alimentos sobre ellas, esperando ser bendecidos con la abundancia.

La piedra es el atributo de San Esteban, el primer mártir del cristianismo, muerto a pedradas en Jerusalén, en el año 35 de nuestra era. Sobre una piedra posó su cabeza Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, cuando tuvo la revelación divina de la escalera hacia el cielo e hizo la alianza con Dios. Y esa piedra fue consagrada como la primera del Templo de Jerusalén.

Pedro es piedra. “Tú eres Cefas (Piedra) y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia que la muerte no podrá vencer”, dijo Jesús a Simón, el pescador. El que se sienta libre de pecado que arroje la primera piedra, advirtió el Mesías a los hombres pecadores. Con una piedra mató David al gigantesco filisteo Goliat para preservar la libertad del pueblo elegido. Y en piedra grabó Dios los Diez Mandamientos que entregó a Moisés en el Monte Sinaí.

Es que, como escribió Mircea Eliade (1907-1986), el historiador rumano de las religiones: “Ante todo la piedra es. Es siempre la misma, subsiste, y lo que es más importante: pega. Una roca, una piedra, es objeto de devoción y de respeto porque representa e imita algo, porque procede de otro lugar. Su valor sagrado se debe exclusivamente a ese algo, a ese otro lugar, nunca a su existencia misma”.

Con la piedra filosofal los alquimistas medievales pretendían convertir en oro cualquier metal, pero sobre todo sanar a los enfermos. Por medio de la piedra filosofal llegó al Occidente, procedente de los alquimistas árabes, el sentido del Elixir de la Vida.

El lapis (piedra filosofal), aseguró Petrus Bonus en el siglo XIV, es la alegoría de Cristo. Piedra angular es la base fundamental del edificio. Piedra de Lidia era la que usaban los antiguos para comprobar el oro y la plata. Con Piedra de Bath (pómez) fue construida la cúpula de la mezquita (antes catedral) de Santa Sofía, la Divina Sabiduría. Con la piedra derribó Andrés Castro al filibustero y Nicaragua ganó la batalla de San Jacinto y la Guerra Nacional.

“La palabra y la sangre de Simón, Cefas, Piedra, Pedro, se unieron en un solo elemento para crear la Roma cristiana y la Iglesia universal. Así también la palabra y la sangre de Pedro se funden en estas piedras indestructibles ante las que venimos y vendremos siempre a reafirmar nuestro culto a la sagrada libertad”, dije en la inauguración del monumento pétreo al doctor Chamorro Cardenal. Así sea.

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