Fernando A. Malespín Ferreti
Si todos los nicaragüenses pudiésemos desterrar el odio de nuestros corazones estoy seguro que sería fácil la reconciliación, que es fundamental para que todos, por consenso, construyamos los cimientos de una Nicaragua próspera llena de esperanzas hacia un futuro promisorio para las presentes y futuras generaciones.
Si al final del año 2003 se dio el milagro de que Dios naciera en nuestros corazones, porque nos abrimos el pecho para que entrara, sólo paz y felicidad podemos esperar los nicaragüenses en el año 2004 contando con la decisión patriótica de los que gobiernan el país.