Honoris causa del pueblo

Elmer Ramírez España*

Edgard Tijerino nació el 17 de febrero de 1944, o sea que cumplirá la mágica edad de 60 años en este próximo 2004. Digo mágica porque es con esta edad que el hombre empieza a saborear la vida, a sentir que sus esfuerzos son la expresión de su sonrisa y que sus sueños casi pueden tocarse alrededor del cariño de los hijos.

Su estadía en los medios de comunicación cursa los 34 años, la crónica deportiva ha sido su mejor inversión. Su vocación en plenitud de facultades ha sido la cátedra leída, vista o escuchada, desde el periódico LA PRENSA en el que se inicio al lado del doctor Pedro Joaquín Chamorro. Siguió con la radiodifusión que es y ha sido la caja de Pandora, el ave fénix, el preludio de la metáfora configurada con la frase corta que magnifica el arte de la expresión literaria en una descripción que nos remite al épico cantar de los dioses del Olimpo, y la televisión, su premio aristocrático de la perseverancia.

La obra Crónicas del Mundial Nicaragüense, que dicho sea de paso fue su pasaporte para formar parte del escritor beligerante, audaz y realista, apenas dos años después de iniciarse en las páginas deportivas del Diario de los Nicaragüenses, establecía ya un criterio de vanguardia que con el estudio y su habilidad multidisciplinaria hoy educa a través de su palabra convertida en cátedra universitaria.

Su palabra es y ha sido un camino poético al describir con tenacidad y cualidad los hechos más importantes del mundo deportivo de Nicaragua y allende las fronteras. La carga magistral de su pluma presenta como ventana al mundo en un par de cuartillas lo fascinante a que puede aspirar todo lector. La utopía realizable a través del sabor de la victoria.

“El Flaco Explosivo” fue un carril que supo describir con extraordinario suceso la locura a la que nos llevó Argüello. Fue algo surrealista, de lo real maravilloso, parte de un boom conocido en Nicaragua y el mundo por la vorágine divina de sus escritos, como por ejemplo: “Después de haber quedado pecho en tierra y saltado el protector bucal, Olivares se levantó de la lona, escuchó imaginariamente la estimulante música de los mariachis y se lanzó de frente a las bayonetas”. Crónica del 23 de noviembre de 2003.

Los años ochenta fueron su consagración generacional. Empezó a educar el camino de la que es la sólida camada de periodistas que domina el mundo deportivo. Venció a Sísifo, pues la carga era muy dura, sin embargo su humildad lo llevó tanto a él como a los antes mencionados a suspirar como los que llevaron la bandera de la libertad a la toma de La Bastilla, en 1789, en la Francia de Dantón, Robespierre, y otros. El doctor Danilo Aguirre, amigo fraterno, ha aseverado que a la crónica deportiva en el país hay que hacerle un espacio especial, pues con Tijerino existe un antes y un después. Aseveración seria y contundente que responde a la capacidad creativa de este hombre –que “a duras penas escribe con un dedo” frente al teclado– que lo ha llevado a ser la mejor oferta para los nicaragüenses, en tanto la reflexión política, la crítica objetiva y la madurez literaria se compensan tan solo al encender la radio.

Treinta y cuatro años de cátedra es apenas la mitad del camino, pero lo suficientemente contundentes para declarar honoris causa a Edgard Tijerino Mantilla. La universidad puede esperar, el pueblo, que es la mejor universidad, ya lo ha consagrado como tal. Teniendo la ventaja que sus mejores obras están por venir, pues respetando las diferencias, Platón alcanzó su plenitud a los ochenta años. Entonces hay que dar al César lo que es de César y a Dios lo que es Dios. Saludo y felicito al señor y amigo Edgard Tijerino.

* El autor es docente de la UNI.

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