“Un deber de amor en Navidad”

Daniel Aragón S. [email protected]

“Todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer, una meta que alcanzar”. (Gioconda Belli)

El aire fresco del campo impacta raudo sobre mi rostro y este frescor recorre cada partícula de mi ser, como dándome palmadas sobre cada mejía que se enrojecen al contacto de mi piel con el aire helado de diciembre, causándome una cálida-gélida sensación de vida que me mantiene alerta y despierto y me llena de júbilo y gozo. En el monte, el verdor y el sonido rítmico son tan intensos que afectan los sentidos. Al ver y observar este verde de diversos matices que se mezcla entre múltiples disparos de luz que se asoman entre la danza de cada hoja y al escuchar el numeroso coro de pájaros que compiten con éxito con la mejor sinfónica del mundo, mi alma emocionada se une a esta alabanza de colores y sonidos y de mi ser brota ese cántico nuevo que multiplica mi voz cual amplificador y que hace vibrar todo mi ser en alegría por saber que Jesucristo ha nacido hoy tiernamente en mi corazón, y que esta Natividad produce esta rica vida abundante, rítmica y colorida que hay en mí, en mis hermanos y en toda su creación.

Mientras escucho el ruidoso silencio campestre, me pregunto: ¿Podré llegar a ser tan sensible con mi prójimo como el silencio de la montaña? ¿Le serviré a los demás como sirven los haces de luces entre las hojas danzantes de los frondosos árboles que acarician con sus aportes lumínicos el bello paisaje? ¿Influiré en esta generación como influye el rojo fulgurante de la flor de avispa en contraste con el lustroso verde que inunda la flora y la llena de fauna?

Cuando me doy cuenta de la grave situación educacional de nuestro país con su niñez abandonada, de los 800,000 niños que no pudieron estudiar este año, de los 450,000 que abandonaron las aulas en este 2003 porque no tuvieron una atención personalizada, no hubo para ellos cuadernos ni libros, no tuvieron el privilegio de alimentación en las aulas, ni jugaron con sus maestros o sus padres no les ayudaron en sus tareas; cuando observo y soy testigo asombrado de los desastrosos avatares de nuestra justicia, cuando me doy cuenta con plena conciencia que no hay plena convicción en nuestros representantes de lo que es construir una patria, de servirla, de amarla y de colaborar para el surgimiento de una esperanza que esperamos como pueblo, cuando veo los resultados sociales de todo lo anterior en violencia intrafamiliar, pandillas, secuestros, robos, asesinatos y “accidentes” mortales, es cuando me doy cuenta que no habrá surcos fructíferos sino aramos, entonces comprendo que es en este momento, en este tiempo cuando todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer y una meta que alcanzar.

Postrado ante ti, ¡oh Dios!, alcanzo a decirte una improvisada oración: “Señor ayúdame a andar en Ti como es digno para agradarte en todo, para tener fruto en toda buena obra, para cumplir con mi deber de amor con Nicaragua como Tú cumpliste el tuyo con la humanidad. Pon en mí ese mismo ardor con que Tú cambiaste la historia del ser humano, como quema el viento helado mi rostro, para comprender y practicar esta verdad y que me quede tan clara y transparente como puedo ver estos colores y escuchar estos ricos sonidos. Envuélveme en tu presencia, como me envuelven estos cerros e inúndame de tu amor como este aire puro refrescante, para comenzar a alcanzar este próximo año nuestras metas individuales, familiares, sociales. Ayúdame Señor a no ser insensible, a buscar soluciones, a no ser el problema. Ayúdame a ayudar. Si Tú lo haces así, entonces: Tú estarás en mí, Tú actuarás por mí, Tú lo llenarás todo, Tú lo tocarás todo, Tú influirás en todo; Tú habrás nacido en mí en esta Navidad: Amén”.

El autor es pastor y director del Colegio Cristiano Monte Hermón, en Cedro Galán, Managua.

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