El poder político y los medios

Nicasio Urbina

Hoy en día el poder político depende más y más de la capacidad para manipular los medios de difusión y los discursos. El caso de Italia es paradigmático, donde Berlusconi, un empresario corrupto y sin hoja de servicio público llega a la Presidencia en gran medida impulsado por su control de los medios de comunicación. Mediaset, el grupo de Berlusconi es el primer propietario de medios en Italia, capaz de controlar y manipular la información, crear consenso y producir opinión. Controla tres de las cuatro redes de TV nacional, controla TV y la radio estatal, dos enormes editoriales, dos periódicos nacionales, 50 revistas, y la productora de películas más grande de Italia. Mediaset maneja 2,431 millones de euros en publicidad al año, y gracias a la acumulación de más estaciones y medios, la automatización y la uniformidad de la programación ha logrado reducir sus costos en un 10 por ciento en el último año. La reciente aprobación de la ley Gasparri le asegura la continuidad de su monopolio sobre los medio digitales, poniendo en peligro no sólo la accesibilidad de los italianos a la variedad de información, sino poniendo en peligro la frágil democracia italiana.

En Nicaragua los dos periódicos más importantes han demostrado un gran nivel de independencia política, a pesar del enorme control que el gobierno tiene sobre la solvencia económica de los mismos gracias a su compra de espacios pagados y publicidad. De las pocas cosas que podemos sentirnos orgullosos los nicaragüenses en este momento es sobre la capacidad de los periódicos para informar y criticar. No pasa lo mismo con las radioemisoras, que tienden a ser controladas más estrictamente por grupos políticos, y tienden a alinearse más claramente con un bando o con otro. Paradójicamente son las radioemisoras las que tienen mayor influencia multitudinaria ya que el porcentaje de la población que lee la prensa escrita es menor, y la que lee los artículos de opinión es francamente minoritaria. Por tanto la opinión pública mayoritaria nicaragüense es vulnerable a la manipulación por las grandes radioemisoras, con una programación bastante pobre culturalmente y una visión maniquea de la política.

El sábado 6 de diciembre, en LA PRENSA, Guillermo Rothschuh Villanueva escribió en su artículo “La lógica mediática y la lógica jurídica” que hay independencia entre la dinámica de los medios y la dinámica de la justicia, aduciendo que la lógica que rige a ambos universos es diferente. Aunque estoy de acuerdo en términos generales con su planteamiento, Rothschuh no contempla la mutua dependencia que se da entre ambos poderes. Al leer su artículo se tiene la impresión de que tanto la justicia como los medios actúan por leyes internas, a salvo de las influencias exteriores y foráneas. Nada es más inocente y errado que tal proposición. Los sistemas judiciales están sujetos también a las leyes de la opinión pública. Pensar que la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU. emite sus opiniones únicamente en base a argumentos constitucionales es una inocentada. Y ahí estamos hablando de uno de los estamentos más independientes y respetados del mundo. No digamos ya las opiniones altamente desprestigiadas de la juez Méndez, cuyo ir y venir tiene más que ver con las voliciones incompresibles de Daniel Ortega, con la compra y venta de influencias, con las promesas de puestos más jugosos, y con las narrativas que los medios ofrecen a la ciudadanía.

La relación entre noticias publicadas en los medios, reacción de los líderes o caudillos, y las reacciones de la justicia, en el análisis de los últimos capítulos de la justicia nacional, es directa y proporcionalmente dependiente. No hay tal independencia. Los diplomáticos norteamericanos emiten sus opiniones comprometedoras, los medios las diseminan, y Daniel Ortega reacciona indignado. El presidente Bolaños reacciona, la juez Méndez manda a Alemán a su casa, y cuando no hay entendimiento entre Ortega y Alemán, reacciona con una sentencia precipitada. El tinglado del simulacro de justicia en Nicaragua va unido a los conatos de información desencadenados por los medios. Ortega es un líder fracasado que ha perdido toda oportunidad real de llevar a su partido a la Presidencia, pero como león envejecido no quiere soltar el liderazgo de la manada. Sólo cuando un nuevo león más fuerte y enérgico le quite por la fuerza el control de las bases, se resignará a quedar en la retaguardia.

Los medios de difusión controlan los discursos, crean opinión, dirigen el voto y el descontento popular. Sólo gracias al control impresionante de Berlusconi en los medios de difusión italianos, pudo llegar un individuo corrupto y mafioso como él a la primera magistratura. El monopolio de los medios masivos de comunicación es el talón de Aquiles de la democracia. George W. Bush, el presidente más dictatorial que ha tenido los EEUU, le acaba de asestar el golpe más fuerte a la democracia estadounidense, al permitir que las grandes cadenas de TV puedan monopolizar un 45 por ciento de las estaciones a nivel nacional, y las compañías propietarias de canales de TV ahora pueden también poseer periódicos. Bush ha ido pagando paso a paso las millonarias contribuciones que las grandes corporaciones han hecho a sus campañas, desde la industria eléctrica, las petroleras, las madereras, la automotriz y del acero, y ahora las mediáticas. Estamos en una época de retroceso de las medidas ecológicas, democráticas y populares que se lograron en los noventa. Las grandes corporaciones están ganando más y más influencia en el control del medio ambiente, la distribución de los discursos y la capacidad de agenciabilidad de los individuos. Bush sabe que su reelección el próximo año depende en gran medida de la cobertura que los medios le den a sus políticas, y en virtud de eso está dispuesto a entregarles las conciencias de nuestros hijos. De igual manera que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán están dispuestos a acostarse en la misma cama de nuevo, besar el anillo del Cardenal, y salir en los periódicos hablando de nacionalismo y transparencia.

No hay independencia del Poder Judicial con respecto a los otros poderes. Ni siquiera en las democracias más ejemplares. La sociedad es un cuerpo que se mueve todo junto, con sus cadencias particulares, pero el movimiento del brazo derecho influye en el movimiento del pie izquierdo. Basta ver el juego de reacciones entre la justicia nicaragüense, las noticias en los medios, y los intereses políticos de los caudillos para darnos cuenta de la farsa vergonzosa de la que somos testigos. Tanto los nicaragüenses como los italianos estamos viendo y viviendo la manipulación más cochina de la política, la justicia y los medios.

El autor es catedrático de la Universidad de Tulane.

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