Religión, política y campañas presidenciales: todo marcha bien

Peter R. Bernal

Los resultados del sondeo de Gallup dedicado a la religiosidad en Estados Unidos, a principios de diciembre, casi al terminar el 2003, confirman la opinión de los sociólogos de la religión acerca de que, comparativamente, EE.UU. es entre los grandes países el de mayor índice de práctica religiosa del mundo. Mientras la religiosidad, como factor importante de la vida, disminuye en muchos países desarrollados, la experiencia estadounidense es diferente. El cercano Canadá ha experimentado decadencia en cuanto a cifras de asistencia regular a los templos, siguiendo el ejemplo de Gran Bretaña y Europa continental, pero no sucede así en la tierra de los Peregrinos de Mayflower.

No se trata simplemente de los seguidores o simpatizantes de Juan Pablo II o de Billy Graham, sino de individuos de varias creencias y prácticas que acuden con más regularidad a los templos de lo que se pensaba. Seis de cada 10 adultos hasta indicaron que la religión era muy importante en sus vidas, casi las dos terceras partes se identificaron como miembros de una congregación (iglesia, parroquia o sinagoga) y más de cuatro de cada diez asistieron a un servicio la semana anterior a la encuesta. A pesar del secularismo, de la pornografía y de los ataques a los líderes religiosos, ha habido poco cambio en estos índices en las últimas dos décadas. Téngase en cuenta que sólo el 28 por ciento de los canadienses y el 26 por ciento de los británicos consideran la religión como “muy importante”. Curiosamente, esos índices bajos pueden hasta ser superiores a los de Europa continental. Países como la tradicionalmente católica Francia y los oficialmente luteranos países escandinavos, tienen templos prácticamente vacíos domingo tras domingo. Esta situación afecta en menor escala a países como España y Alemania, por no decir ciertas comunidades en algunos países europeos en las que hasta se han cerrado templos. Es cierto que en América Latina se mantienen activos tanto la mayoría católica, como la creciente minoría protestante, pero las cifras de asistencia al templo son menores que en EE.UU. a no ser en ciertos bolsones tradicionalistas.

¿Por qué se mantienen tan activos los creyentes religiosos estadounidenses a pesar de críticas a sacerdotes acusados de pedófilos, de la ordenación de un obispo anglicano declarado homosexual y de una prensa hostil hacia fundamentalistas y conservadores? Pues bien, independientemente de que todo grupo religioso tiene que enfrentar una cuota de ridículo y oposición en medios de comunicación masiva, su influencia se mantiene y en algunos aspectos se extiende hasta afectar el fenómeno político. La razón pudiera estar en los fundamentos de la sociedad estadounidense, exenta de las luchas religiosas de otras latitudes ya que se separó a tiempo la Iglesia del Estado, sin que esto implicara irreligiosidad, como quieren ahora los sectores más radicales que intentan construir ya no una separación razonable sino una pared divisoria inflexible como, entre otras, la lucha contra la oración en las escuelas y otras actitudes poco favorables a mantener el viejo equilibrio que condujo a que el propio dólar nos recuerde que confiamos en Dios (“In God we trust”).

Sigo con las estadísticas. El cristianismo sigue siendo dominante. El 53 por ciento se identifica como “protestante”, cuya teología es generalmente compatible con la de las iglesias surgidas de la Reforma aunque han adoptado características propias. Los católicos son el 23 por ciento de la población, buena parte de los cuales son hispanos, irlandeses y de grupos étnicos llegados a partir del siglo XIX, los de religión judía son sólo el 2 por ciento, pero su influencia es mayor que lo que esas cifras indican, como sucede con los mormones cuyo 2 por ciento indica una militancia que les permite controlar prácticamente unos cuatro Estados de EE.UU. con base en su sede de Salt Lake City, en el Estado claramente mormón de Utah. En EE.UU. hay también una comunidad de ortodoxos orientales.

Por grupos demográficos, con incidencia en lo político, el sondeo Gallup indica que entre los adultos de 18 años en adelante, el 61 por ciento cree que la religión es “muy importante” en su vida. De esos asisten regularmente a servicios religiosos el 43 por ciento. Las mujeres superan a los hombres 69 por ciento a 53 por ciento en cuanto a importancia de su fe. Los mayores de 65 años encabezan las cifras con un 76 por ciento y el porcentaje va disminuyendo según la edad ya que los jóvenes entre 18 y 29 años sólo muestran un 48 por ciento de interés, lo cual también es impresionante pues van aumentando su religiosidad cuando avanzan en edad. Los que viven en el Sur son los más fieles en cuanto a región pues llegan al 73 por ciento y los menos religiosos son los del Oeste con un 50 por ciento. El 59 por ciento de universitarios se consideran muy religiosos. El 67 por ciento de republicanos y 63 por ciento de demócratas también se consideran así, mientras que los independientes bajan a un 54 por ciento. Finalmente, la encuesta dice que el 65 por ciento de los protestantes y el 60 por ciento de los católicos hacen de la religión una prioridad. Como el tema racial indica frecuentemente preferencia política, paso a considerarlo: el 77 por ciento de los afroamericanos dicen que la religión es “muy importante” en sus vidas contra un 57 por ciento de los llamados “anglos”.

¿Que indica esto? Que los temas morales no van a ser de segunda categoría en el 2004. Claro que hay una variedad de opiniones. Muchos religiosos acentúan la justicia social y los derechos humanos, mientras que otros prefieren temas de intensa moralidad y oposición al aborto, homosexualidad legalizada, violencia doméstica, divorcios, pornografía, etc. No puede generalizarse la dirección en que irán los votos pues, por ejemplo el mismo Pontífice romano que se opone al aborto criticó la guerra en Irak mientras el principal líder protestante Billy Graham, también contrario al aborto no criticó el conflicto bélico. Hay para todos, pero hay que reconocer que con tantos religiosos, los partidos y los candidatos tendrán que tener cuidado en lo que plantean al electorado. Otras encuestas nos hablan del interés de los votantes en la guerra, la economía, la seguridad nacional, la salud, el desempleo y otros temas, pero también surgirán debates sobre ética y moralidad. Pésele a quien le pese, la religión esta “vivita y coleando” en EE.UU., y esto lo veremos demostrado en las campañas presidenciales.

El autor es columnista internacional.

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