El ejemplo de Lewites

Eduardo Enrí[email protected]

La empresa Cid Gallup, que ha realizado 44 encuestas de opinión en Nicaragua desde 1990, dice que el alcalde de Managua, Herty Lewites, ha regresado a niveles de aprobación de su trabajo que no veía desde su primer año en la comuna. Un 77 por ciento de los managuas cree que hace su trabajo bien o muy bien.

Y la verdad es que dentro de las limitaciones económicas de la alcaldía, el trabajo se ve: las calles están iluminadas gracias a un acuerdo que fue criticado por muchos pero que al final el resultado lo está justificando. La ciudad está más limpia, y no está completamente limpia porque el ciudadano común aún no pierde la costumbre de tirar todo a la calle, sin embargo, el esfuerzo de contrarrestar esa triste manía se ve. Y no son pocas las calles de la capital que han sido recarpeteadas.

La valoración positiva de la gestión de Lewites es un reflejo de un trabajo que al menos a simple vista parece eficiente. Recuerdo que en la década de los años noventa existía un gran temor de que un alcalde sandinista tomara las riendas de la alcaldía, pero ahora, ¿alguien se acuerda que Lewites es sandinista? Obviamente que no, porque todos sabemos que el porcentaje de sandinistas en Managua es mucho menor al 77 por ciento que aprueba la gestión de Lewites.

Porque al final, si su gestión es efectiva y redunda en beneficio de la ciudad, aún el más antisandinista está dispuesto a pasar por alto la ideología del alcalde. Además, Lewites es muy hábil y no hace mucho alarde de su sandinismo, porque sabe que no es ninguna ventaja. Los managuas también tuvieron suerte de que fuera precisamente “ese” sandinista y no cualquier otro, porque ese generalmente pone el pragmatismo por encima del dogma ideológico.

Ojalá los políticos criollos tengan la suficiente inteligencia para analizar a fondo las lecciones que las encuestas pueden dejar, que se sienten y con cabeza fría analicen los mensajes que trae cada uno de esos estudios.

Para mí hay uno bien claro. La politiquería, los extremismos y la ceguera política nos han dejado con un panorama en el que sólo se han aprovechado los corruptos y demagogos, pero al mismo tiempo, poco a poco la conciencia ciudadana se va formando en el nicaragüense, que cada vez menos puede ser manejado como siervo del señor feudal.

Los políticos, no los caudillos ni los vividores, sino los verdaderos políticos que hay por ahí, deben comenzar a perderle el miedo a las ideologías, deben dejar de pensar que deben estar amarrados a una o a otra para poder conquistar votos. Necesitan organización, eso sí, pero sobre todo necesitan trabajar y hacerlo eficientemente, la gente no pasa eso por alto.

Cada día el ciudadano debe ir entendiendo que trabajar con sensatez es lo que va a producir resultados positivos, y debe sacar del juego político, de sus intenciones de voto, a los demagogos y corruptos que usan la ignorancia, el dogma ideológico, el fanatismo y la falta de visión como caldo de cultivo para sus intereses. El apoyo que Lewites tiene en Managua refleja que el ciudadano sabe reconocer un buen trabajo, ahora sólo falta que los políticos entiendan eso y se pongan a trabajar.

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