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La lucha por “el botín”
Los gobiernos de Francia, Alemania y Rusia han condenado la decisión que Estados Unidos anunció esta semana, de que empresas de esos países no podrán participar en las licitaciones de obras para la reconstrucción de Irak. Y buena parte de la prensa occidental, que en general mantiene una posición antinorteamericana en el tema de la guerra en Irak, ha enfocado el asunto en el sentido de que Estados Unidos no quiere compartir el “botín” iraquí.
Pero la restricción a las compañías de Francia, Alemania y Rusia se refiere específicamente a la licitación de las obras de reconstrucción de Irak que sean financiadas con recursos de Estados Unidos, que alcanzarán unos 18,600 millones de dólares. Al menos así lo dejó establecido el martes recién pasado el Subsecretario de Defensa estadounidense, Paul Wolfowitz, quien dijera a The New York Times que sólo compañías de Estados Unidos y de otros 61 países “socios de la coalición democrática” que ha actuado en Irak, participarán en dichas licitaciones.
Sin embargo el bloque franco-germano-ruso reaccionó de manera airada al anuncio estadounidense: Francia advirtió por medio del vocero Herve Ladsous que esa medida de Estados Unidos podría ser ilegal; Alemania, también por medio de un portavoz gubernamental, Bela Anda, reprochó que “esto no se corresponde con el espíritu de mirar juntos hacia el futuro y no hacia el pasado”; y el ministro ruso de Defensa, Sergei Ivanov, declaró que Rusia podría no reestructurar la deuda iraquí que es de unos 8,000 millones de dólares.
No obstante, esta decisión estadounidense parece ser justa o al menos es comprensible. En realidad, si Francia, Alemania y Rusia no apoyaron a Estados Unidos en su acción contra el terrorismo en Irak, y más bien la han cuestionado de manera sistemática, debilitándola ante los ojos del mundo, ¿cómo pueden esperar ahora participar en el negocio multimillonario que será la reconstrucción de Irak, o reparto del “botín” como la califican los periodistas de izquierda y anti-norteamericanos en general?
Desde abril del año en curso, después del ataque de Estados Unidos y sus aliados contra el régimen de Saddam Hussein, el Secretario de Estado, Colin Powell, advirtió que los países que no apoyaban la acción contra el terrorismo y más bien la cuestionaban tendrían que pagar las consecuencias. Y el presidente George Bush le advirtió al Gobierno francés que se abstuviera de impulsar políticas hostiles hacia Estados Unidos, Gran Bretaña, España y los países de Europa del Este que apoyaban la intervención en Irak.
De manera que son entendibles las explicaciones de la Casa Blanca, primero por medio de su vocero Scott McClellan, de que “es apropiado y razonable esperar que los principales contratos para la reconstrucción financiados con dinero de los contribuyentes de Estados Unidos sean para el pueblo iraquí y aquellos países que trabajan con Estados Unidos”. Aclaró McClellan que los países que deseen participar en las licitaciones de los contratos para la reconstrucción de Irak deben tener un rol militar en ese país, o hacer donaciones. O sea que sólo en las obras financiadas por Estados Unidos es que no podrán participar, lo cual parece justo. Y al respecto el mismo presidente Bush ripostó este jueves al bloque franco-germano-ruso, diciendo que: “Es muy simple. Nuestro pueblo arriesgó su vida. Los amigos de la coalición arriesgaron sus vidas y, por lo tanto, los contratos van a reflejar eso”.
Sin embargo las empresas francesas, alemanas y rusas podrán participar en la reconstrucción como subcontratistas, así como en las obras que se hagan con financiamiento internacional. Inclusive, ya una empresa francesa, Alcatel, obtuvo la oportunidad de hacerse cargo de una parte del contrato que ganó la empresa egipcia Orascom para la construcción de una nueva red de telefonía móvil en Irak.
La verdad es que por la actitud que han mantenido en relación con la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo en Irak, los gobernantes de Francia, Alemania y Rusia no debían esperar que sus empresas podrían lucrarse con el dinero de los contribuyentes norteamericanos que financiará la reconstrucción iraquí. Es cuestión de “real politik”: quien quiera obtener una parte del paquete de la reconstrucción iraquí, tiene que ganarse ese derecho enviando tropas a Irak, a combatir o para ayuda humanitaria. Así de sencillo.