Eduardo Chamorro Coronel
Los principios fundamentales de la Constitución Política de la República señalan que “el poder político lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse este poder o representación”. Pero cuando se trata de acomodar sus intereses partidistas vimos a los partidos pactantes disponiendo de las elecciones municipales como si fuese un matinée del teatro político para el cual no había cómo comprar el tique.
Ellos olvidan que nadie puede alterar la voluntad popular suprimiendo el derecho reservado al pueblo, de elegir sus autoridades municipales. Solamente un plebiscito o un referendo, resultando en una constituyente, podrían modificar algo tan extensivo como es la voluntad popular en todos los municipios.
Hablan de institucionalidad pero no titubearon en destrozarla, alterando el marco constitucional de los municipios, y todo ello por unos cuantos dólares más. Asunto en sí mismo grave, pero más lo es la superficialidad democrática de nuestros líderes o de sus asesores, al caer tan fácilmente en la trampa de lo expedito cercenando la expresión democrática más cercana al pueblo como es la elección de sus autoridades municipales.
Hasta últimamente el PLC con sus 42 votos comprendió que en esta arena política reside su recuperación, y ha oído la voz del Partido Conservador (PC) que parecía clamar en el desierto, reclamando, opuesto totalmente a la supresión de las elecciones municipales. El PLC, ante la condena del ex presidente Alemán encontrará la oportunidad que la prisión de un líder popular representa, víctima ante muchos de la justicia “sandinista”, que aún recuerdan la profecía del la víbora del Cardenal.
En lo primitivo de nuestra cultura, la prisión del doctor Alemán presenta las dos caras de una misma moneda: las simpatías hacia un líder político preso por un lado, y por el otro, la reorganización herrerista del PLC sin cacique, “alemancismo sin Alemán”, una especie de peronismo caribeño que no me extrañaría culminara con María Fernanda como candidata presidencial, dama de garra política y con ángel televisivo. El PLC podría tener su Evita para el 2006.
El FSLN cayó en la tentación de posponer las elecciones buscando frutos populistas de distribución presupuestaria, despejando su camino hacia las elecciones del 2006, evitando enfrentar prematuramente una posible —“todos contra el Frente”— deformante teoría democrática que daría al traste con las aspiraciones del sempiterno candidato. El pacto o repacto con Alemán lo hizo titubear entre el camino de Lula o el atajo de Chávez, pero la intervención europea y sus propias bases, para fortuna nica, lo hicieron descaminar lo ya andado. Recordemos que el que parpadea pierde.
El PC no esconde sus simpatías por el Poder Ejecutivo, y conjuntamente con los bolañistas buscan en las elecciones municipales una vía amplia, de liberales alrededor del presidente Bolaños, y de conservadores, alrededor de reformas a la Ley Electoral para hacerlas justas y económicas.
Paradójicamente las elecciones municipales, que ahora van, brindan la oportunidad de forjar un auténtico tejido democrático, lejos de la violencia y del miedo; en la que el FSLN no sienta que “le van a echar la vaca” las “fuerzas democráticas”; en la que el PLC absorba y optimice las oportunidades que la prisión de su líder presenta; y la posible opción para el resto del país de concretar con el PC, con la Unidad Liberal del Presidente y otros movimientos, una lid municipal distensionante y festiva, con un derrotero diferente y común para todos. Que ganen los mejores.
El autor es analista político.