Oscar Carcache Dí[email protected]
Roman, Times, serif»>
La justicia como biombo
Oscar Carcache Díaz
[email protected]
Lo más digno de un país es su justicia. Pero cuando la justicia se convierte en mampara y es movida de aquí para allá, respondiendo a dictados individualistas, pierde su naturaleza y confiabilidad porque en su desliz todo futuro que procure el bienestar de la población está enterrado.
La fragilidad del país se hace sentir y desmotiva toda inversión seria, sin embargo estimula a los capos del mundo. Contra todo pronóstico se cometió un adefesio en el que quedó al descubierto lo caprichosa y servil que es la justicia que se ejerce en Nicaragua. Se obviaron las pruebas contundentes y privó el capricho del caudillo, que como en los más rancios tiempos del somocismo tomó el teléfono y repicó en la sala penal del juzgado primero, y se cumplió la premonición humorística de Luis Enrique Calderón: “María Fernanda, andá a donde ‘el trompudo’ y decile que dé la orden de que me saquen de este cuarto, que ya no puedo ni darme vuelta”. Nada más que se cumplió al revés, no fue solicitud sino ofrecimiento a cambio de un corruptor de menores que tiene a cargo los libros contables del partido.
No le importó los miles de dólares que el pueblo ha invertido en el proceso judicial para quitarse de encima a chacales que se alimentan de la carne y sangre del pueblo y que se potenciara la imagen negativa del país. No le importó las seis niñas mancilladas y sus familias que quedaron avergonzadas en los barrios donde viven y ante el conocimiento de la población en general.
Como dicen algunos analistas políticos, este caudillo no tiene mucho interés en ganar las elecciones generales y tampoco tiene interés en contribuir en el mejoramiento del nivel de vida del pueblo, lo único que le interesa es mantener las cuotas de poder, para manejar al país a su antojo sin ninguna cuota de responsabilidad cívica y política, parece que están en lo cierto.
Desde esa condición de fuerza de oposición mayoritaria, se da el lujo de tener bajo su control a sicarios vestidos de toga, los cuales ejecutan sus mandatos sin chistar. ¿A dónde vamos a llegar con esta justicia prebendataria y carroñera? ¿Qué puede hacer el pueblo ante estas fuerzas que sólo buscan beneficios de cúpulas? ¿Será que estos caudillos están apostando al masoquismo político del pueblo? Pareciera que confían demasiado en esa clientela ciega y cautiva y por ello pueden hacer toda clase de desmanes y siempre quedar exento de culpa y vitoreados. No será demasiada presunción o demasiada idiotez del pueblo.
Decían los abuelos: aténganse al santo y no le recen. Los políticos deberían recordar que por lo menos el treinta por ciento de la población está sumida en el escepticismo político y un tanto igual ha dejado de ser gente ingenua y tiene conciencia de sus intereses.
También deben recordar que muchos se metieron a políticos porque en la vida social y empresarial no tenían capacidad para sobresalir y mirarse en el espejo del PRI de México al que el pueblo ya no aguantó más. ¿Y en política los nicaragüenses no tenemos por qué ser diferentes a los mexicanos?