La segunda revolución democrática

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La segunda revolución democrática





En nuestra página de Opinión de ayer publicamos un artículo —enviado a LA PRENSA por la Agencia Internacional de Prensa Económica (AIPE)— del señor Richard R. Ranh, quien es asociado del Instituto Cato y asesor económico del Gobierno de Bulgaria.

En ese artículo, titulado “Del socialismo y la corrupción, a la prosperidad y el desarrollo”, Ranh señala que la transición democrática de Bulgaria —desde la caída del comunismo en 1989 hasta 1997— estuvo dominada por políticos corruptos que saquearon al país. Tuvo que ser necesaria una segunda revolución democrática, dice Ranh, que culminó con la instalación de un gobierno verdaderamente democrático y de libre mercado, y desde entonces el pueblo de Bulgaria ha gozado de una economía que crece alrededor de 5 por ciento cada año.

Es muy interesante y oportuno ese artículo por las circunstancias que vive actualmente Nicaragua, pues el proceso de transición democrática de Bulgaria es muy parecido al de Nicaragua. En realidad casi todos los países que fueron dominados por regímenes comunistas e izquierdistas —totalitarios en fin—, han tenido que pasar por experiencias similares.

La lección común de las transiciones del totalitarismo comunista o izquierdista a la democracia, en todos los casos, es la de que si no se supera la situación de ausencia de valores éticos y principios democráticos que dejó el viejo régimen, es prácticamente imposible crear un modelo de sociedad apto para la creación de riquezas; y que una sociedad que no descansa en el Estado de Derecho, sino en la irracionalidad y la estupidez de la dominación autoritaria y corrupta de los caudillos y de los partidos prebendarios, inevitablemente se mantendrá estancada de manera permanente, dependerá siempre de la cooperación internacional y vivirá sometida al frecuente vaivén de los desórdenes sociales y las arbitrariedades políticas que son condicionantes de la pobreza.

Realmente, no basta con abandonar formalmente el viejo modelo de economía estatista, centralizada y populista. Es necesario construir con coraje una democracia funcional que impulse efectivamente las reformas liberales: ampliación y fortalecimiento del mercado; descentralización de la administración pública; moderación del gasto público; estricto control monetario; liquidación del Estado-empresarial y erradicación de la corrupción que es característica de los políticos socialistas y caudillistas.

Es muy importante aprender de las experiencias ajenas, como la mencionada de la nueva Bulgaria y también como las de Alemania y Japón, que quedaron devastados por el totalitarismo y la guerra pero que pudieron reconstruirse y convertirse en naciones ricas y prósperas porque aplicaron reglas tan sencillas como la estabilidad monetaria, el libre mercado y comercio, los bajos impuestos, la tranquilidad sindical, las reglas claras, la seguridad jurídica, el desarrollo y ampliación de la educación, el fomento de las inversiones nacionales y extranjeras, y la transparencia y la honestidad en la administración pública.

Y si se habla ahora de dificultades económicas en Alemania —país que está siendo castigado por las erráticas medidas de los políticos socialistas— y Japón, ya quisiéramos que nuestros problemas fuesen como los de ellos, no los de la extrema pobreza, estancamiento productivo y desmedida y descarada corrupción de los caudillos liberal y sandinista que tienen a Nicaragua a la orilla del abismo.

Todos los países que han podido salir de la pobreza y el atraso, incluyendo antiguos estados comunistas y revolucionarios como Bulgaria, lo lograron o lo están logrando no con fórmulas mágicas —que no existen—, ni con promesas de los caudillos de que ahora sí construirán el paraíso, sino con el trabajo que es lo único que produce riquezas y la manera más rápida de lograr una mejoría real en la vida de la población, y a base de estimular la inversión de capitales externos e internos, dar seguridad a las empresas y expandir los mercados.

En la Nicaragua de hoy las camarillas aventureras y corruptas de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán podrán obligar al presidente Enrique Bolaños a aceptar un acuerdo tripartito que restablezca la “tranquilidad” política nacional. Pero el país seguirá avanzando con una lentitud desesperante y la pobreza aumentando, mientras que la nación seguirá secuestrada por el caudillismo, el populismo y la corrupción, sin poder levantar la cabeza y dependiendo de la ayuda internacional. Hasta que se produzca una segunda revolución democrática, como en Bulgaria.

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