De la globalización al socialismo

Violeta Auxiliadora Pérez [email protected]

El estado actual del proceso de globalización, definida como la tendencia histórica a integrar las economías de todos los países, principalmente a través del comercio y los flujos financieros, indudablemente ha contribuido al crecimiento económico de las naciones, pero al mismo tiempo ha sentado las bases para el surgimiento de nuevos regímenes socialistas en América Latina, y con ellos, al abandono de la idea del mercado global.

En ese sentido, el establecimiento de las condiciones para la formación de gobiernos de tendencia socialista puede dividirse en tres etapas: la primera, denominada masificación de la pobreza, que significa el incremento en el número de menos favorecidos por este proceso; la segunda, es la marginalización y exposición a pobreza extrema de los que constituyen la mayoría de la población, los pobres; y finalmente, el reforzamiento de esos pobres, que significa aumentar su autoridad y poder sobre los recursos y decisiones que afectan su vida, permitiéndoles encontrar mecanismos para generar un cambio social.

En la primera etapa, se forma una nueva mayoría de individuos de escasos recursos debido a que el proceso no contempla mecanismos de redistribución del ingreso, y los gobiernos de los países y organismos internacionales que rigen el mundo globalizado no ofrecen soluciones a las diferencias que se están creando; en ese contexto, la pobreza sólo tiende a crecer en intensidad, pasando así a la segunda etapa del ciclo. Entonces, en la etapa final, los menos favorecidos buscarán por sí mismos, cursos de acción que los conduzcan a mejorar su nivel de vida, apoyados en nuevos gobiernos que den prioridad a los programas sociales.

De esa forma, desarrollar el proceso con los mismos lineamientos, conducirá inevitablemente a revoluciones sociales que establezcan gobiernos de izquierda, que a largo plazo acabarán con las tendencias globalizantes.

Si bien la mayoría de los países latinoamericanos se encuentra atravesando las primeras dos etapas del ciclo, existen algunos en los que ya se han implantado gobiernos socialistas; por lo que se requiere encontrar nuevos mecanismos para que esos gobiernos, aún con su enfoque social, participen en el proceso de integración económica.

La continuidad del proceso dependerá entonces de la capacidad que tengan los organismos internacionales de promover acciones que interfieran con este ciclo en las diferentes etapas en las que se encuentra en cada uno de los países, o de garantizar la participación de los gobiernos socialistas en el proceso de integración.

A lo inmediato, se debe intervenir aquellos que atraviesan las primeras dos etapas del ciclo, implementando políticas de alivio a la pobreza adaptadas a la realidad de cada país; y realizando reformas gubernamentales orientadas a incrementar la credibilidad de los gobiernos, y a brindar espacios de participación ciudadana de importancia real para la toma de decisiones.

La autora es master en administración y políticas públicas.

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