El diccionario fraseológico de Reina García

Jorge Eduardo [email protected]

Discípula del cubano Leandro Caballero (quien le guió su tesis de doctorado en los ochenta), Reina García ha dirigido avances exploratorios sobre el español hablado en Nicaragua. Inéditos, forman parte de un proyecto coherente y sistemático que describirá sincrónicamente nuestra variante dialectal. En 1996 editó uno de los más acabados que compilaba dichos, modismos, locuciones y frases hechas; en realidad, consistía en una tesis de licenciatura, precedida de un estudio de la doctora García: Breve diccionario de fraseologismos.

Sus fuentes remiten a los trabajos de don Alfonso Valle y otros estudiosos. Pero el más aprovechado fue Peña Hernández, de quien la doctora García transcribió una cita reconociéndolo como autoridad fogueada en paremiología. Ampliación del Breve diccionario referido, cuyo deslinde teórico y estructuración conserva, es el exhaustivo y recién publicado como obra exclusiva de la doctora García. Centro de Investigaciones Linguísticas y Literarias (CIIL). Exhaustivo porque contiene 5,334 unidades fraseológicas, cifra contabilizada por el prologuista y editor licenciado Francisco Arellano, quien explica el concepto de “fraseologimos” (ausente en todos los diccionarios de la lengua española, comenzando con el DRAE y el de María Moliner), procedente de las lingüistas cubanas Zoila Carneado Moré y Antonia Tristá, inspiradas en maestros ex–soviéticos

Para ellas el “fraseologismo” no es sino “un grupo fijo de dos o más palabras con significado de conjunto, que generalmente tienen representación metafórica y un alto grado de expresividad”. Además, en virtud de su combinación estable, las palabras que integran la unidad fraseológica “pierden el significado de base y toman el de la unidad sintagmática”, independizándose del dicho, del refrán y del proverbio. A pesar de estas claras diferenciaciones, la doctora García incluye en su obra —dentro del concepto de “fraseologismo”—, dichos como “A Raymundo y todo el mundo” (a todos sin excepción), refranes como “Cuando diga mal haya, malhaya va lejos” (utilizado por personas mayores para advertir a los jóvenes sobre las consecuencias de sus acciones) y proverbios, como “Haber de todo en la viña del Señor” (que alude, irónicamente, a los malos actos de una persona en relación con las obras buenas de otras). Por eso el título Diccionario de fraseologismos usados en Nicaragua no resulta tan satisfactorio como el concreto e incontroversial: Diccionario fraseológico nicaragüense.

De hecho, los mayores especialistas en fraseología de nuestra lengua, los doctores Hugo Kubarth y Fernando Varela, eluden la conceptualización cubana/ex-soviética citada al titular su principal obra, circunscrita al ámbito peninsular, Diccionario fraseológico del español moderno (DFEM) y Diccionario fraseológico americano (DFA), que tienen en preparación.Por otro lado, en el magno Nuevo Diccionario de Americanismos (NDA) de los doctores Haensch y Werner se utiliza el concepto de unidad pluriverbal para designar la unidad fraseológica.

Ahora bien: de la categoría gramatical decisiva en los elementos constituyentes de la unidad pluriverbal se subordina en el NDA la entrada del lema ordenado alfabéticamente. Por ejemplo, si la misma unidad pluriverbal contiene un sustantivo, éste es el lema principal bajo el cual hay que buscarlo; así, la expresión “alborotar el avispero” (exacerbar los ánimos) entra por “avispero”, como lo consigna en su Nuevo Diccionario de Uruguayismos (1993) de Ursula Kühl de Mones. En cambio, la doctora García en su diccionario fraseológico ubica dicha expresión a partir del verbo “alborotar”.

Una limitación de la misma autora es la precariedad o inexistencia casi absoluta de unidades fraseológicas derivadas del beisbol. Éstas ya han sido compiladas y estudiadas, entre otros, por el licenciado Matus Lazo y su cantidad parecer ser incalculable. Pero la doctora García sólo recoge dos, ambas frases verbales: “Batear por los dos lados” (ser bisexual, homosexual, ambidextro) y “Hacer cambios de señas” (variar las orientaciones, acuerdos, etc., que rigen a un grupo). Sin ánimo machista, en su definición de otra frase verbal, “Darle sopa de muñeca” (golpear con los puños), el sujeto comprende tanto al hombre como a la mujer. Lo cual debe rectificar, pues siempre se ha sabido que la persona del sexo masculino es la que ejecuta (“da sopa de muñeca”) ese maltrato.

Las anteriores observaciones no demeritan, sin embargo, esta obra, hasta hoy la más completa y documentada en su especialidad. A Reina García no se le escapa ningún esfuerzo anterior. Considerando sus “fraseologismos” unidades semántico-estructurales, las clasifica en frases verbales (p.e. “Andar en los puros huesos”), adjetivas (“Más pelado que la cola de un zorro”), nominales (“Cantos de sirena”), adverbiales (“Ni sal para un jocote”) y proposicionales (“Más claro no canta un gallo”). Y las interjectivas, de las cuales Mántica compiló más de doscientas, ¿dónde quedan? Señala también sus características generales y temas predominantes: “En el corpus recopilado hemos podido rastrear algunos elementos de la cultura popular, del folclor y de la tradición religiosa, de nuestras raíces étnicas; elementos que en muchos casos ya han sido olvidados o se han transformado poco a poco” (p. 17).

Sus unidades fraseológicas las toma del folclor (danza y teatro callejero, música e instrumentos populares), como “Tener cara de marimbero mal pagado” (de mal humor); de las creencias religiosas, como “Alzarse con el santo y la limosna” (robarse todo lo que uno encuentra); de los mitos, supersticiones y brujerías, como “Haber mano pachona” (un individuo o grupo que organiza un complot, trifulca, etc.); de las comidas populares, como “Ser chicharrón con pelo” (muy gordo y de carnes embutidas); de la flora y la fauna, como “Agarrar el camino de las yeguas” (el mal camino, el de la perdición) y “Encontrarse la piedra con el coyol” (tener desaveniencias dos personas de mal carácter e intransigentes).

Ejemplos, variantes y sinónimos de las unidades fraseológicas (y no de confusos “fraseologismos”) fortalecen este diccionario de 347 páginas que, cito de nuevo a su prologuista, “es ya una obra básica para el conocimiento, estudio y comprensión del Español en Nicaragua”. Y, asimismo, una fuente de disfrute y de afirmación identitaria.

El autor es director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

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