Ásperas relaciones

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Ásperas relaciones





La Gaceta, como se sabe, es el Diario Oficial de Nicaragua, en el que las autoridades de la República informan lo que es del máximo interés público: leyes, decretos, reglamentos, acuerdos, edictos, nombramientos, etc.

Pero de ese mismo modo se llaman muchos periódicos independientes y comerciales en el mundo, pues gaceta es una expresión genérica que designa a toda publicación informativa.

Sobre el origen de la gaceta los historiadores sólo se ponen de acuerdo en que ocurrió en Venecia, Italia. Según algunos investigadores, gaceta se deriva de la voz italiana gazza, que significa urraca, el ave famosa por su locuacidad, que se comunica de manera escandalosa y que sólo matándola se le puede callar. Y se cuenta que los primeros periódicos tenían precisamente la característica de que informaban de todo, independientemente de que fuera verdadero o falso, sobre lo serio y lo cómico, lo político y lo religioso.

La otra versión es la de que así —gazzeta— se llamaba una moneda de poco valor que se cobraba a las personas que asistían a las sesiones de lectura de una hoja informativa sobre actividades del gobierno, pero particularmente relacionadas con la guerra que Venecia libraba contra los turcos. “Desde luego —dice el eminente periodista argentino, Octavio Hornos Paz—, lo que se leía en las plazas y mercados era un comunicado oficial, favorable a la Señoría. Nadie piense en la libertad de prensa”.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, pero en la mentalidad de muchos gobernantes y sus cercanos colaboradores persiste la idea de que la prensa debe ser como aquellas antiguas gacetas, es decir, que tienen que informar sólo de manera favorable a “sus señorías”, que ahora se hacen llamar “excelentísimos”.

En realidad, no sólo en Nicaragua sino que en todas partes del mundo donde la cultura democrática no está todavía arraigada, las relaciones entre los gobiernos y la prensa son difíciles, a veces conflictivas e inclusive belicosas. Y esto se debe a que los periodistas siempre andan husmeando donde los gobernantes no quieren que se averigüe nada, a que la prensa independiente es crítica por su propia naturaleza, y enemiga de la lisonja y el servilismo; en tanto que las personas que tienen el poder —y no sólo el político— únicamente les gusta que los elogien, pero bajo ninguna circunstancia que los critiquen.

En el caso de LA PRENSA, desde que salió a la calle por primera vez el 2 de marzo de 1926 hasta ahora, ha tenido dificultades prácticamente con todos los (18) gobiernos que se sucedieron en el país desde entonces. Y en algunos períodos esas relaciones fueron tormentosas y tuvo que sufrir crueles represiones, como durante el régimen somocista en sus distintas etapas, y también cuando el régimen sandinista, que por su naturaleza ideológica y vocación totalitaria se empeñó en ser —en el odio a la libertad de prensa— peor que el somocismo.

Ahora, las relaciones con el Gobierno del presidente Enrique Bolaños no son la excepción, también son tensas y conflictivas pues igual que a todos los otros gobernantes a éste tampoco le gusta que lo critiquen, y al parecer quisiera que LA PRENSA y los otros medios de información independientes fuesen como las antiguas gacetas venecianas. Y el colmo es que no sólo las informaciones que no son enfocadas en forma favorable al Gobierno provocan el enojo del gobernante y sus voceros, sino que éstos se quieren meter hasta con el contenido de las columnas editoriales y de opinión.

Lo más lamentable es que esta situación se produce a pesar de que en el Gobierno hay también periodistas de profesión, que saben perfectamente que un periódico independiente es un medio informativo y crítico, no un instrumento de propaganda oficial. Y en el caso específico de LA PRENSA, es un periódico independiente precisamente porque informa sobre los hechos tal como son, y porque critica al Gobierno siempre que considera que es necesario hacerlo.

De otra manera seríamos oficialistas, como nos acusan falsamente los adversarios del presidente Bolaños (sandinistas, joserricistas y arnoldistas) porque tampoco somos oposicionistas, como ellos quisieran que fuésemos. Sin embargo tan absurdas acusaciones confirman que LA PRENSA es en efecto un periódico profesional e independiente.

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