Aquiles

Luis Sánchez S. [email protected]

A menudo se habla del “talón de Aquiles” cuando se quiere indicar el punto débil que tiene toda persona, organismo e institución, por muy poderosa e invencible que parezca. Y sobre el porqué de esta expresión me pidió un compañero de trabajo (Manuel Esquivel) que escribiera.

La versión más conocida sobre Aquiles es la de que éste era un héroe (mitad dios y mitad humano), bisnieto de Zeus, hijo de la nereida (hija de Nereo) Tetis, la que vivía en las profundidades del mar y poseía una hermosa y misteriosa urna de oro que le regaló Zeus como premio por haber acogido a Dionisos cuando éste huía de Licurgo, el arrogante rey de Tracia a quien Zeus castigó con la ceguera por haberse atrevido a perseguir a una divinidad.

Cuando Aquiles nació, el oráculo Calcas (o Calcantes, el mismo que recomendó al rey Agamenón que sacrificara a su hija Ifigenia para garantizar el éxito de la expedición contra Troya) le auguró a Tetis que su hijo habría de morir de manera gloriosa, pero joven. Así que para burlar el designio del destino, Tetis sumergió al bebé Aquiles en las aguas de la laguna Estigia —en la que navegaba Caronte para llevar los muertos al Infierno— a fin de hacerlo invulnerable. Sin embargo, para sumergirlo Tetis tuvo que sostenerlo del talón, por lo que esta parte del cuerpo de Aquiles quedó desprotegida.

De la educación de Aquiles fue encargado el centauro Quirón, quien lo alimentaba con corazón de león y tuétano de otras fieras del bosque, para hacerlo valiente y feroz como ninguno otro en el mundo.

Cuando estalló la guerra de Troya, Tetis quiso impedir que Aquiles fuera a combatir y que pudiera morir en cumplimiento del vaticinio del oráculo Calcas. De modo que Tetis hizo que Aquiles se fuera a la isla Esciros, a la corte del rey Licomedes, disfrazado de mujer. Pero los griegos necesitaban desesperadamente que Aquiles combatiera con ellos, y enviaron en su búsqueda al astuto Ulises (Odiseo). Éste, avisado por Calcas de que Aquiles estaba en Esciros, se disfrazó de mercader y se presentó ante la corte de Licomedes, donde ofreció joyas y armas a las mujeres. Las mujeres se abalanzaban sobre las joyas y sólo Aquiles, impulsado por su instinto guerrero, escogió las armas. Así fue descubierto por Ulises que entonces pudo llevárselo a Troya.

Tetis se resignó a que su hijo se fuera a la guerra, pero hizo un último esfuerzo por protegerlo: pidió a Vulcano que forjara para Aquiles un escudo impenetrable, y le dio también a su hijo cuatro caballos inmortales, uno de los cuales hablaba y le aconsejaba cómo eludir el ataque de los enemigos.

Aquiles venció a los más poderosos guerreros troyanos, incluyendo al mejor de todos que era Héctor, hijo de Príamo y de Hécuba, y hermano de Paris. Pero después de la guerra Aquiles promovió la reconciliación entre griegos y troyanos, para lo cual pidió a Príamo que le diera por esposa a su hija Polixena. Y cuando se estaba celebrando la boda en el templo de Zeus, el rencoroso Paris disparó una flecha contra Aquiles, la que fue guiada por Apolo (el dios protector de Héctor, que no perdonó la muerte en combate de su protegido) para que se clavara en el talón del héroe, causándole la muerte.

Cuenta la leyenda que cuando Tetis supo de la muerte de Aquiles emergió de las profundidades del mar y fue a buscar el cadáver de su amado hijo, lo incineró y guardó para siempre sus cenizas en la urna de oro que los dioses le habían obsequiado.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí