¿Por qué vamos al cine?

Angélica Martí[email protected]

Titulé así este comentario porque estoy segura de que muchos se hacen esta pregunta, últimamente, después de salir de una sala de cine. Salvo aquellas películas en las cuales los efectos especiales te hacen aferrarte a tu asiento, la mayoría de ellas están sumidas en una marisma de total falta de creatividad.

La calidad de la interpretación de los personajes en las películas es uno de los aspectos que Hollywood ha descuidado en pos de mayores ingresos en la taquilla. Contradictorio, ¿no? Pero en este negocio una cara bonita es más importante que la calidad de su trabajo. Si no me creen, fíjense en el ejemplo de Legalmente rubia II. Siento que esos han sido los cien córdobas (contando las palomitas y la entrada), peor gastados de toda mi vida. No es que haya sido la única película mala que haya visto recientemente, pero todavía recuerdo sus peores escenas igual que recuerdo lo mejor de Lo que el viento se llevó. La primera parte de esta película acumuló más de 38 millones de dólares en una semana y más de 80, al cabo de cuatro. En cambio, su secuela fue demasiado rosa para el gusto del público y se quedó a la mitad. Eso prueba que no estamos tan alienados todavía, como Hollywood quisiera.

En honor a la verdad, debo decir que dependiendo del estado de ánimo una película que probablemente despedazarías con tus amigos, se puede convertir en un premio Oscar. Fue lo que le pasó a mi acompañante con Legalmente rubia II.

Para ella el personaje de Elle Woods interpretado por Reese Whiterspoon (quien me parece que no tuvo que actuar mucho en esta cinta) era de una seguridad inspiradora, una especie de Aurora Dupin (la primera mujer que se atrevió a desafiar al machista mundo literario de su época, mejor conocida como Jorge Sand). Ésta es una comparación odiosa, pero es lo que pensó mi amiga.

Según Pier Pierson, productor de cine y director de Imaginarte Films, todo el problema por el que atraviesan los cineastas a nivel mundial se debe y se deberá siempre a dinero. “Las películas (en Hollywood) son negocios y muchas veces los directores se ven obligados a utilizar fórmulas ‘clichés’ en sus guiones, porque eso es lo que ‘vende’. En Latinoamérica y Europa sí se está haciendo cine de calidad, con mensaje y contenido. Es sabido que en el mundo hay todo un movimiento que rechaza el mercantilismo en el que ha caído el cine norteamericano”.

Hace unos años circuló un rumor acerca de que Hollywood estaba interesado en producir una película sobre la vida de nuestro ilustre poeta Rubén Darío, el cual sería encarnado por Antonio Banderas. Este proyecto finalmente no cuajó, pero quizás fue lo mejor. ¿Recuerdan lo que pasó con Evita interpretada por Madonna?

“En Hollywood hay buenos actores, de escuela, pero son mal utilizados. También siento que ‘reciclar’ viejos argumentos no es malo, porque eso te mantiene en la diversidad, lo mismo sucede en la música”, me dijo también Pierson. Pero en este punto debo discrepar con él. Para mí existe crisis de creatividad en los argumentos. Con sólo tomar un viejo éxito taquillero y actualizar datos, ya tenemos una película nueva.

Por otra parte, Pierson opina que en Nicaragua existen buenos profesionales, pero los costos de producción son demasiado elevados y no hay financiamiento para invertir en el cine nacional. “Estamos más desarrollados en cuanto a la producción de videos y documentales y somos reconocidos a nivel internacional por la calidad de los mismos”, concluyó el cineasta nicaragüense.

Sin embargo yo recuerdo gratamente La canción de Karla, que fue exhibida primero al público europeo con muy buen suceso. La crítica nacional también fue espléndida en su momento. Pero volviendo a mi pregunta del inicio, ¿por qué vamos al cine?, creo que vamos a pasar un buen rato, a distraernos de las preocupaciones y conocer otras culturas, pero merecemos respeto.

El castigo en la taquilla es la única forma en que quizás estos señores empiecen a considerarnos. Si recibís el comentario de que una película es mala, por favor ¡no vayás a verla!

La autora es periodista.

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