De Philander Knox a Colin Powell

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De Philander Knox a Colin Powell





Desde que por primera vez vino a Nicaragua un Secretario de Estado de Estados Unidos de Norteamérica (Philander Knox, el 5 de marzo de 1912), hasta ahora que se encuentra en el país el secretario Colin Powell, transcurrieron 91 años y 8 meses. Pero políticamente es muy poco o casi nada lo que ha cambiado Nicaragua en tanto tiempo.

En efecto, cuando vino Philander Knox para una visita de día y medio (igual que ahora Colin Powell), apenas tres años atrás había sucumbido un régimen revolucionario que promulgó algunas leyes progresistas pero devastó la economía nacional y estableció un odioso sistema gubernamental basado en la dictadura, el continuismo y la corrupción. Y ésa es prácticamente la misma situación que hay ahora en Nicaragua, cuya población trata de recuperarse del desastre causado por otra revolución, la sandinista de 1979 a 1990, que igual que la revolución liberal de 1893 a 1909 sólo pudo ser derrocada gracias a la intervención y la ayuda norteamericana.

Además, las mismas expectativas que habían en marzo de 1912 cuando por primera vez un Secretario de Estado estadounidense vino a Nicaragua —es decir, que su visita significaba un espaldarazo al gobierno de entonces y que se traduciría en una gran ayuda para la reconstrucción y el desarrollo del país—, las hay ahora con la visita de Powell.

Pero no hay que hacerse grandes ilusiones. En realidad, la visita del Secretario de Estado estadounidense hay que ubicarla en el contexto de la política general de Estados Unidos, que lo que busca ante todo es asegurar sus propios intereses, no prodigar ayuda a naciones que parecen ser irredentas e ingobernables, y que nada o muy poco hacen por ayudarse ellas mismas.

Ciertamente, es bien conocido que sólo si le conviene a su política interna y exterior es que Estados Unidos vuelca su ayuda a otros países. Al respecto es oportuno sacar a colación un señalamiento muy franco que hiciera otro famoso Secretario de Estado de Estados Unidos de Norteamérica, Henry Kissinger, quien en su libro de memorias titulado Mis años en la Casa Blanca escribió que Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes, sólo intereses.

Precisamente, el punto focal de la agenda de trabajo del secretario Powell en su visita a Nicaragua, no es la ayuda al país sino la seguridad regional, y en ésta, las iniciativas unilaterales de reducción y eliminación de armamento en Centroamérica, particularmente la destrucción de los cohetes soviéticos Sam-7 que todavía tiene en su poder el Ejército de Nicaragua que antes se llamaba Ejército Popular Sandinista y fuera enemigo mortal de Estados Unidos.

Indudablemente que son justas las preocupaciones de los gobernantes estadounidenses por los Sam-7, que ya no sirven para guerras convencionales pero en manos de terroristas (y según algunas informaciones, activistas de Al Qaeda ya están en contacto con los narco-terroristas colombianos) son mortalmente eficaces para derribar helicópteros, y aviones comerciales durante el despegue y el aterrizaje.

Algunos nicaragüenses, y no sólo del Gobierno, consideran los Sam-7 como una especie de medida de patriotismo, y creen que son indispensables armas defensivas para el caso de una guerra con los países vecinos con los que Nicaragua tiene conflictos territoriales: Honduras y Colombia. Y estiman, por eso, que el país sólo debería renunciar a los misiles si Honduras hiciera lo mismo con sus aviones de combate.

Sin embargo es absurdo pensar siquiera que con los Sam-7 Nicaragua podría detener y mucho menos derrotar una agresión bélica de Honduras y mucho menos de Colombia. En una guerra convencional esos artefactos no sirven para nada, pero en poder de terroristas son funestos. Es como el caso de los morteros de los estudiantes del CNU en las “protestas” por lo del seis por ciento, que son simples armas caseras pero disparadas contra civiles, y aún contra policías protegidos con cascos y trajes especiales, pueden ser mortales.

Lógicamente, en una negociación entre países con intereses comunes pero también diferentes, nadie da nada a cambio de nada. A cambio de los Sam-7 Nicaragua podría obtener equipos modernos y eficaces para combatir el narcotráfico, como por ejemplo lanchas rápidas de guardacostas y helicópteros que sustituyan a los inservibles aparatos rusos que tiene el Ejército de Nicaragua.

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