Disminuyen las expectativas del Cafta

Roberto [email protected] En reiteradas ocasiones hemos leído y escuchado a nuestras autoridades decir que la posición de la región es una sola: no ceder ante las presiones de los negociadores estadounidenses y firmar un tratado sí, y sólo sí, éste protege los intereses de los productores, especialmente del agro y textiles. Sin embargo, la conducción […]

Roberto [email protected]

En reiteradas ocasiones hemos leído y escuchado a nuestras autoridades decir que la posición de la región es una sola: no ceder ante las presiones de los negociadores estadounidenses y firmar un tratado sí, y sólo sí, éste protege los intereses de los productores, especialmente del agro y textiles. Sin embargo, la conducción de las negociaciones y sus resultados muestran todo lo contrario.

Los negociadores saben que el fracaso de la OMC, en Cancún, tiene incidencias negativas que obligan a EE.UU. replantear su posición, siendo aún más dura, ante los países del istmo; tanto así que el futuro socio del norte ha reconocido públicamente su intención de excluir el azúcar del Tratado y traer a la región productos altamente sensibles, sin importarles el daño a nuestras economías. No obstante, las autoridades del Mific continúan acomodando la información diciendo: “vamos bien y por buen camino”, pero no explican a profundidad las propuestas y, sobre todo, posibles resultados del TLC y consecuencias positivas o funestas para nuestra economía. El idioma utilizado hasta la fecha ya no es suficiente porque abren, cada vez más, un mar de dudas que genera mayor desconfianza.

Evidentemente, con todo el terreno transitado, se puede afirmar que no hay garantías de un TLC asimétrico con EE.UU. Sólo por mencionar un ejemplo, en el tema de medidas sanitarias, se ha establecido que las trabas no arancelarias se resolverán con los mecanismos de la OMC, siendo una burla más para los productores centroamericanos, ya que estas disposiciones internacionales no ofrecen facilidades para ingresar al mercado estadounidense. Es decir, EE.UU. no está otorgando un trato recíproco al ingreso de productos, quiere exclusiones, mantener subsidios e imponer cuotas al ingreso de productos del área.

Si bien es cierto, Nicaragua es un país eminentemente agrícola, cuya participación en el PIB es del 40 por ciento, con más de 1.6 millones de habitantes, debe tener capacidad para entender, adecuar, mejorar, y mantenerse en su propio mercado y conquistar mercados internacionales; no menos cierto resulta que esta oportunidad puede ser nefasta si no contamos con la infraestructura legal, las herramientas básicas para adecuar a los diversos sectores de nuestra economía para la apertura, la competencia y el libre mercado. Nos encontramos ante una amenaza cuyo riesgo se manifiesta en la extinción de miles de productores que desarrollan una agricultura de subsistencia por varios obstáculos, entre otros, la tenencia de tierras, falta de recursos económicos, ausencia de información de mercados, (productos, precios, calidades y consumidores). Negociar no significa participar, ya que es labor del Gobierno desempeñar esa función y, para colmo, no lo está haciendo eficientemente porque negociar por negociar no es lo mismo que negociar con resultados positivos para la economía del país.

El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (el Cafta) puede ser un mecanismo de enorme valor que ayude a sacar a la región de la pobreza, así como ser el detonante de una grave crisis social que hunda, aún más, las economías del istmo. Si no se puede lograr un TLC asimétrico, obviamente habrá ganadores y perdedores, le pregunto al señor Carlos Sequeira y su equipo: ¿Nicaragua será ganador? ¿De qué?… de mayor pobreza, etc. El mal sabor de los agricultores está en que Estados Unidos se niega a negociar las barreras sanitarias y los subsidios internos al agro, en procesos bilaterales como el TLC. Los gobiernos negocian salvaguardias y procesos de desgravación arancelaria que protegerán los sectores vulnerables de los subsidios agrícolas estadounidenses.

En esta octava ronda, se arriba al nivel de las decisiones políticas en las negociaciones del Cafta, donde se ciernen los mayores peligros por la falta de concertación y la obligada protección de nuestros rubros sensibles, los que se dejarían a expensas y libre albedrío de los ministros o presidentes centroamericanos. Obviamente, ya sabíamos que algunos temas no tendrían solución estrictamente técnica, pero jamás imaginamos que serían los más sensibles. Ya vimos que la tan esperada visita de Robert Zoellick no tuvo ningún resultado positivo.

Finalmente, para paliar un poco la situación que se viene se requiere de un Acuerdo Complementario Económico (ACE), pues ignorar las recomendaciones y la falta de aplicación de medidas correctivas el Cafta debería llamarse Tratado de Libre Inversión de Estados Unidos, porque su único interés es vender sus productos en el área de 34 países, para hacer contrapeso a potencias mundiales como Europa y Asia. Por ello, desde mi humilde opinión, es necesario: a) Establecer mecanismos de asimetría por un período de diez años a partir del 2008 fecha en que concluye el ICC, b) Eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias, paulatinamente, c) Uso de salvaguardas agrícolas especiales, d) Establecimiento de un mecanismo de compensación, a mediano plazo, e) Asegurar que las medidas sanitarias y fitosanitarias no sean utilizadas como un mecanismo discriminatorio o de restricción encubierta, f) Prevenir y eliminar prácticas proteccionistas, g) Tomar en cuenta las preferencias arancelarias establecidas en los regímenes preferenciales, h) Establecer reglas de origen, a partir de la realidad productiva de país, i) Garantizar beneficios reales a los productores.

El autor es jurista en Derecho Internacional.

Economía

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí