Jorge Eduardo Arellano
Tuve el privilegio de recibir, enviado por su autor, los tres primeros volúmenes de una colección que eleva al más valioso intelectual contemporáneo de El Salvador a la categoría de pensador. Me refiero a David Escobar Galindo (Santa Ana, El Salvador, 1943) y a su obra Astillas de Cortés Blanco. Cuatro son los modelos en los cuales vuelca esas “astillas pensantes”: el lúcido aforismo de tradición francesa, la greguería que instauró el español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), la máxima y la metáfora. Libros como La mariposa y la vega, del “sencillista” poeta argentino Baldomero Fernández Moreno (1886-1950) más el Disparatorio, de su coterráneo José María Méndez (1916), constituyen sus fuentes nutricias más notables. Al mismo tiempo, las Voces deslumbrantes, del ítalo-argentino Antonio Porchía, le enseñaron a infundirle ánimos metafísicos.
En el prólogo del primer volumen, Escobar Galindo informa que estos ejercicios gimnásticos de la mente comenzó a publicarlos el 8 de abril de 1980, en el diario salvadoreño La Prensa Gráfica. Hasta la fecha, han aparecido cotidianamente: ¡toda una puntual, afanosa empresa, cuya constancia y contenidos sugerentes sólo merecen la calificación de admirables. Pero David no consideró retocarlas u ordenarlas en temáticas: las reproduce por orden cronológico, tal como aparecieron. En el primer volumen compila las de los años 1980-81, mientras se desarrollaba la “Ofensiva guerrillera”; en el segundo, las de 1982: cuando la guerra ya estaba instalada en su país y él ya había adquirido, a través de ellas, una disciplina muy saludable; y en el tercero las de 1983.
Entonces las anotaba o escribía en cualquier parte, a cualquier hora. Y con absoluta espontaneidad. Por eso especifica: “Algunas noches, sin embargo, fatigado de las rutinas en las tareas universitarias, quería voluntariamente refugiarme en esas ráfagas, en tanto afuera, a lo lejos, vibraban otras ráfagas. Y entonces no me salía nada. Como si, en lo que a las astillas se refiere, una voz interna pero complaciente, me dijera del otro lado del oído: practica tu propia disciplina y déjanos a nosotros la nuestra”.
Los aforismos de Nietzsche —su lejana lectura juvenil— y los pensamientos sueltos del creacionista Huidobro contribuyeron a su primer impulso para concebirlas. Del primero, seguramente, asimiló su impronta filosófica y protestaria; del segundo, la imaginación y el recuerdo metafórico. La decena siguiente proceden de su veta “nietscheana”: 1. Abraham al Señor: —Aquí está mi hijo, listo para el sacrificio. Y el Señor le responde: — /Aguarda/. Éste sólo es un privilegio mío./ 2. El filósofo es un inventor de semillas, no un recolector de frutos. (Pensaba en Nietzsche y sus almácigos). /3. El solo hecho de saber que somos nos hace ser más de lo que somos. /4. Decimos el padre-tiempo. Deberíamos decir la madre eternidad. /5. Después de conocerse a sí mismo, el paso siguiente y superior es ignorarse a sí mismo. /6. Hay que ser picapedrero de la conciencia. /7. La angustia existencial es la claustrofobia del alma. /8. Cuando creemos que Cristo es Dios, estamos creyendo en consecuencia que la grandeza de Dios es tal que puede llevarlo a ser hombre. /9. La Nada es la otra Vida clandestina del Ser. /10. La Historia, para ser maestra de la vida, debe ser alumna de la muerte.
Esta otra docena, que exhibe su marca huidobriana, comprende auténticos hallazgos poéticos: 1. Garza: pañuelo que soltó la doncella del día para llamar la atención de su nocturno enamorado. /2. Pavo real: reencarnación del poeta que no alcanzó la fama en su vida anterior. /3. El poeta que no resiste el corsé del soneto es que tiene poca imaginación respiratoria. /4. En los primeros siete años de la vida se repiten los siete días de la creación. /5. La primavera vive en la buhardilla. El otoño, al pie de la ventana. El invierno, en el sótano. El verano, al otro lado de la calle. /6. El turismo es esa necesaria industria que moviliza el aburrimiento. /7. La provincia es el microscopio del universo. /8. Espionaje: el mundo de la fantaC.I.A. /10. El año 2000 es un barco vikingo.
Dosis de humor, erudición historicista y definiciones profundas identificamos en las siguientes diez “astillas pensantes”: 1. Durante el toque de queda, debería haber un salvoconducto para sonámbulos. /2. Era una mujer tan fogosa que en una excursión provocó un incendio forestal. /3. Eclipse: ese recurso del Sol para que le roguemos que no se vaya. /4. El ser histórico ha devenido en ser histérico. /5. María Antonieta tuvo siempre problemas de garganta: primero el collar; luego, la guillotina. /6. El mundo no es el gran teatro de Calderón, sino la Comedia del Dante. /7. A Cervantes le pasó como a Dios: creía que su obra maestra era el Viaje al Parnaso; así como Dios cree que su obra maestra es el hombre. /8. Estudiaba Goethe la lengua persa a los ochenta; Ghandy, a los noventa, la lengua árabe. Moraleja: todo genio, en la alta senectud, busca su oriente. /9. Dios es la tesis, Luzbel la antítesis; y el hombre, la síntesis. /10. Todos somos, en potencia, ángeles rebeldes. Por eso todos vivimos, en acto, nuestro infierno.
Las anteriores “astillas” (elegidas entre más de un millar) corresponden a un muestrario mínimo de esta inapreciable colección, única en Centroamérica, al menos entre sus coetáneos. Poeta fecundísimo e intenso, Escobar Galindo es el escritor del Istmo que ha obtenido el mayor número de premios literarios dentro y fuera del área, especialmente en España. También a él se le debe, en buena parte, la paz que vive El Salvador desde hace más de diez años. Pero esta es otra acción brillante de su carrera espléndida. Esta vez sólo deseo destacar sus “astillas pensantes”, transcribiendo una más en la cual corrige a Karl Marx: “La violencia no es la partera sino la abortista de la historia”.
El autor es escritor, Presidente de la Academia Nicaragüense de la Lengua.