Pelop

Luis Sánchez Sancho [email protected]

En la columna anterior dejé a Pelop —hijo del parricida Tántalo— siendo el afortunado rey de Lidia, héroe epónimo que dio su nombre a la península griega del Peloponeso y que se casó felizmente con la hermosísima Hipodamia.

Sin embargo, para conseguir a la bellísima Hipodamia Pelop había tenido que hacer una fechoría digna de la astucia y falta de escrúpulos de Tántalo, su padre.

Hipodamia era tan bella y deseada por los hombres y los dioses como la deslumbrante Helena de Troya, y hasta su padre, Enomao, rey de la Elida, se enamoró de ella y no quería que se casara. De modo que estableció la regla de que quien quisiera obtener su mano tendría que vencer a Enomao en una competencia de carros, en la que era invencible. Pero Hipodamia se enamoró de Pelop y juntos tramaron sobornar al cochero de Enomao, para que aflojara las ruedas del carro con el que el rey de Elida competiría con Pelop.

Además, para asegurarse de que no se conocería la mortal traición, Pelop mató al cochero. Pero éste era hijo secreto del dios Hermes (Mercurio), quien, dolido y furioso planeó un terrible castigo para Pelop y todos sus descendientes (los Pelidas), a fin de vengar a su hijo asesinado.

Del matrimonio de Pelop e Hipodamia nacieron Atreo y Tiestes. Mas Pelop tuvo amores con Axíoque (una de las Ninfas), con quien procreó a Crisipo. Y al darse cuenta de esto Hipodamia se puso rabiosa e instigó a sus hijos —Atreo y Tiestes— para que mataran a su hermano bastardo.

Después de asesinar a Crisipo, Atreo y Tiestes huyeron a Micenas, donde se establecieron tan exitosamente que al morir el rey Estenelo y su heredero Euristeo, los dos hermanos fraticidas asumieron el trono micénico. Sin embargo, muy pronto entraron en lucha por el poder absoluto resultando victorioso Atreo. Entonces, para vengarse de su hermano, Tiestes sedujo a Aerope, la esposa de Atreo, y se la llevó junto con el hijo de éste, el atrida Plistenes.

Algún tiempo después, cuando Plistenes ya era mayor, Tiestes y Aerope lo enviaron a Micenas para que asesinara a su padre, Atreo. Éste no reconoció al hijo pero sospechó de sus intenciones y se adelantó a matarlo. Después, al darse cuenta que había asesinado a su hijo, Atreo quiso vengarse de Tiestes y Aerope y los mandó a invitar fingiendo que los había perdonado y que quería hacer las paces con ellos. Al llegar Tiestes y Aerope a Micenas, Atreo los festejó con un gran banquete en el que les dio de comer las carnes de Tántalo y Clístenes, hijos de Atreo y de una Náyade (Ninfa de los ríos).

Al darse cuenta del terrible engaño, y que se había comido a sus hijos, Tiestes huyó horrorizado maldiciendo para siempre a Atreo y la raza de los atridas. Y según se cuenta desde entonces Tiestes vaga por el mundo sin poder detenerse ni tener sosiego; mientras que Aerope, enloquecida por la repugnancia de haber comido carne humana, se lanzó al mar y murió ahogada.

Según la leyenda, fue tan terrible el impacto de aquella tragedia que el Sol, conmovido, detuvo su camino y apagó su fuego oscureciéndose la Tierra; en tanto que Micenas fue castigada por los dioses —por haber sido escenario de crímenes tan execrables— con una espantosa peste que exterminó a casi toda su población.

Editorial
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