La “vieja Europa” se agita

Freddy Potoy [email protected]

MADRID, ESPAÑA.— El Proyecto de Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa, mantiene agitado a lo países del viejo continente. Y no es para menos, pues la “vieja Europa” aglutinará el próximo año a unos 450 millones de habitantes de 25 Estados.

Esto significa que el área geográfica de la Unión Europea incrementará los actuales 375 millones de habitantes de 15 Estados, en 75 millones de otros diez Estados, constituyendo la Europa ampliada el mayor bloque comercial del mundo, según estiman los expertos.

Todo parece indicar que esta ampliación es la más desafiante y estimuladora porque abre el espacio europeo a naciones de reciente incorporación a la democracia y de nivel económico inferior al que actualmente disfruta la Unión Europea.

Los europeos están frente a grandes desafíos, pues se trata de organizar la Gran Europa, desde el Atlántico al Báltico y al Mediterráneo, transferir más poderes de las instituciones nacionales a las instancias comunitarias, preparar una política exterior común, entre otras cosas.

A juzgar por lo explicado en los constantes debates que se generan en España con especialistas y algunas personalidades del resto de Europa, pues uno de los objetivos que persigue el proyecto constitucional europeo es acercar las instituciones a los ciudadanos, pues éstos han tenido la impresión que una burocracia lejana toma decisiones sin que ellos puedan intervenir.

De acuerdo con el planteamiento de Juan de la Cruz Ferrer (un especialista español) publicado en la revista Época, con este gigantesco proyecto, los europeos quieren convertirse en una gran zona de estabilidad que lidere y oriente a otros países en el nuevo entorno mundial, pretenden conformar la tercera región social del planeta, tras China e India, y la primera en términos de democracia política y de competitividad económica.

Asimismo, desarrollar el modelo europeo de economía y sociedad, que se ha ido definiendo con perfiles propios durante 50 años, y en el que frente al sistema japonés, la competencia sea libre y no esté falseada, y, frente al modelo norteamericano, se fomente la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad.

Pero todos estos sueños europeos que casi seguro se lleguen a materializar el próximo año, ahora están sumergidos en intensos debates alrededor del reparto de poder, la organización institucional y la identidad cultural que obligatoriamente pasa por el aro de la religión y el laicismo en Europa.

Es interesante ver cómo en un debate continental en busca de un mejor sistema frente al resto del mundo, salen a relucir discusiones alrededor de las raíces grecolatinas y la influencia de la ilustración. Hay quienes pretenden ignorar las raíces cristianas, pero la protesta de este sector no se ha hecho esperar en Europa.

Los cristianos alegan que la síntesis de la filosofìa griega, el derecho romano y las culturas germánicas, céltica y eslava, “fue posible gracias a la adhesión de los europeos a los valores del cristianismo”.

Sin embargo, personajes como la socialista francesa Pervenche Berés, cree que “algunos están dispuestos a utilizar a Dios para abrir el debate en realidad sobre otros puntos…”

De momento habrá que esperar qué otros aspectos se debaten en este interesante proyecto constitucional europeo, del cual seguro hay mucho que aprender en países como los nuestros.

Editorial
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