Sobre el mal de los cañonazos y dobles salarios

Alfonso Dávila Barboza

En los viejos tiempos de la historia de las milicias a los soldados mercenarios se les entregaba mensualmente determinadas libras de sal como salario.

También es muy conocido en el Príncipe de don Nicolás Maquiavelo, el gozo y la satisfacción personal que vivieron los príncipes de la vieja Europa, cortejados por los aduladores de mucha abundancia en los reinados y en los gobiernos y decía Maquiavelo, “se evita la adulación cuando se hace comprender a los hombres que no ofenden al decir la verdad y en tal caso la prudencia aconseja que todos los gobernantes por decoro deben rodearse de los hombres de buen juicio de su estado único a los que dará libertad para decir la verdad sobre todos los tópicos de lo que sean interrogados, y escuchar sus opiniones con paciencia para después resolver por sí y de su albedrío”.

No obstante muchos gobernantes, para tener en sus manos a sus colaboradores y allegados, buscan la forma de congraciarse con ellos, ordenando se les pague con doble salario u otorgándoles apetitosas prebendas.

Esto es criticable, censurable y le resta credibilidad y respeto al gobernante que recurre a esa metodología dañina, para la transparencia de la vida del Gobierno.

Estos males y esta metodología viciosa es de antigua data y sigue muy campante en la historia de Nicaragua, en este aspecto político hay un dato que habla por sí solo de todo lo señalado y estando don Fruto Chamorro en el cargo de la Secretaría de Hacienda Pública, en octubre de 1845, y con el calculado interés de apoyo de lo militares, y estando en posición de otorgar favores, dispuso sin ningún rubor buscando lealtad política, nombrar a “Leandra Luna, esposa de Bernabé Somoza, como jefa de la fábrica oficial de licores en Masatepe, con doble sueldo y otros privilegios, además, intercedió ante la Asamblea Legislativa en favor del caudillo prófugo, luego que éste le manifestara su deseo de acogerse a un decreto de indulto y regresar a sus haciendas de caña de azúcar en el departamento Oriental”.

Dios quiera que en un futuro próximo desaparezcan los cañonazos y los dobles salarios.

El autor es asesor legal en Masaya.

Editorial
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