La historia de Bluefields

Erasmo David Tijerino Montiel

Hoy 11 de octubre la ciudad de Bluefields

cumple 100 años de vida, gracias a nuestro Señor. Quiero exponer en LA PRENSA, cómo era Bluefields en los años 1938 al 40. Teníamos casi ocho mil habitantes, en cinco barrios, Central, Punta Fría, Beeholden, Old Bank y New York. En aquellos años no teníamos vehículos motorizados, todo mundo se movilizaba a pie para hacer sus actividades de cada día. Los comerciantes transportaban su carga del muelle a su negocio en carretones de dos ruedas tirados por un caballo; había un señor apodado Danto, experto en acarreo.

Todo el comercio estaba en poder de extranjeros, chinos y árabes y tres polacos que gozaban de gran estimación en la ciudad. Los chinos vendían abarrotes y chucherías y los árabes telas, calzado, ropa y cosméticos.

Además, habían dos compañías de origen norteamericano, la Cukra Development Company y la Mercantile y Cia., en ambos establecimientos las personas podían encontrar todo tipo de mercadería importadas de los Estados Unidos a precios favorables.

Los chinos tenían un horario de trabajo muy especial: de 7:00 a.m. a 11:00 a.m., de 1:00 p.m. a 5:00 p.m., y de 6:00 p.m. a 8:00 p.m., las personas no podían comprar de día por sus ocupaciones, lo hacían durante la noche.

Cada semana venían barcos procedentes de los Estados Unidos al puerto de El Bluff a cargar bananos, que eran cultivados en los ríos Mico, Siquia, Rama y Escondido. Los cargadores de bananos, personas nativas de esta ciudad, trabajaban tres días, con un salario suficiente para el gasto de la semana, los otros cuatro días se dedicaban a jugar béisbol.

Teníamos un buen hospital, San Pablo, donde se atendía a los enfermos de todo estrato social. Todos salían satisfechos del servicio y no faltaba en el centro ningún tipo de medicamento.

Por la noche disponíamos de dos salas de cine. Viajar a Managua resultaba una odisea, la ruta era por mar, salida del Puerto de El Bluff a San Juan del Norte, El Castillo de La Concepción, San Carlos, y para llegar a la meta, la ciudad de Granada, se tardaba ocho días. El regreso era más tardado e incómodo, los pasajeros se quedaban empantanados en San Juan del Norte o en Barra del Colorado, esperando que el mar se calmara para salir el barco rumbo a Bluefields.

Por esta vía ingresaron a esta ciudad una cantidad de granadinos ilustres que anhelaban volverse costeños, todos ya fallecidos.

Existían compañías madereras que explotaron por años nuestros bosques, sin ningún control, exportando toda la madera hacia los Estados Unidos.

El Bluefields de hoy es diferente, esto debido a la construcción de la carretera a El Rama y los aviones, para los costeños fue un cambio significativo. El progreso entró al instante. Hoy en día el comercio se encuentra sólo en manos de nicaragüenses. En la ciudad de Bluefields corren por sus calles y avenidas 600 taxis, 10 buses urbanos, ya los blufileños nos acostumbramos a viajar en taxis, aunque sea giras cortas. Todos los días salen del muelle municipal a las 6 de la mañana cinco o más pangas con 20 pasajeros cada una hacia El Rama, la travesía tarda dos horas, toman el bus en Ciudad Rama y llegan temprano a Managua.

Bluefields cuenta hoy con buenos hoteles para recibir a todos los visitantes y turistas, la ciudad cuenta hoy con 60 mil habitantes y 16 barrios.

Existen varios colegios de primaria y secundaria. Tenemos dos universidades, BICU y URACCAN, donde se preparan la juventud de frente hacia al futuro.

La Iglesia Católica ha jugado un papel sobresaliente e importantísimo en la educación de esta región del Atlántico, como también otras iglesias anglicanas, con su pastor reverendo Stanford Cahs Dash; la Morava con su pastor el reverendo Sudier, y la Bautista.

Nuestro pueblo es muy creyente y todos los domingos cada quien visita el templo que le corresponde.

Recordamos con gran amor y cariño a Monseñor Mateo y Monseñor Salvador Schlaefer, que sembraron la semilla del Buen Pastor en esta bendita tierra, hoy tenemos a dos dignos representantes de nuestro Señor Jesucristo, monseñor Pablo Schmitz y monseñor David, siguiendo los pasos de sus antecesores conduciendo a nuestro pueblo por el camino del bien.

Los costeños no tenemos servicio de agua potable ni aguas negras, algo de vital importancia para el desarrollo de nuestro pueblo. Dios ha dotado a esta ciudad de una linda bahía, rica en mariscos, pescados y ostras, una parte de sus habitantes vive de esta actividad.

Consideramos que toda la vida hemos sido marginados por gobiernos rojos y verdes, creemos que el verdadero progreso en todos los campos puede llegar a esta ciudad algún día vía la carretera Bluefields-Nueva Guinea.

Bluefields de hoy es la cuna del palo de mayo, la cuna de la gimnasia rítmica a nivel nacional, tierra de conjuntos musicales de fama internacional y de muchos atletas que sobresalen en béisbol, básquet y fútbol.

Bluefields goza actualmente de un buen aeropuerto con dos líneas aéreas, La Costeña y la Atlantic Air Lines, viajan diariamente de Managua a Bluefields, Corn Island, Puerto Cabezas.

Los costeños somos honestos, cariñosos y serviciales.

El autor es comerciante y tiene 74 años de edad.

Editorial
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