Hacia una sana educación sexual

Násere Habed López

En la actualidad observamos una verdadera avalancha de literatura sexual de dudosa confiabilidad, que se difunde a través de Internet, televisión, radio, periódicos, libros y revistas, que confunden el alma del adolescente.

Hoy más que nunca es necesaria una educación sexual, pero no de cualquier naturaleza, sino una educación sexual integral, veraz y sana que contribuya al desarrollo armonioso de la personalidad del niño y del adolescente, en todos sus aspectos: biológicos, psicológico, social y espiritual.

Considero que una educación sexual de calidad debe reunir ciertas condiciones básicas.

En primer lugar debe ser orientada por los padres de familia. La que se imparte en la escuela debe estar a cargo de maestros o maestras de moralidad intachables. Sería deseable que fueran casados, con hijos y hogares estables.

La educación sexual no debe limitarse a la transmisión de conocimientos sexuales. Si deja de lado los aspectos espirituales del amor y los valores de nuestra sociedad, puede hacer más daño que bien, al acentuar la distancia de lo fisiológico con lo espiritual.

Educar sexualmente es más que transmitir conocimientos sexuales. Es hacernos: mejores padres, mejores madres, mejores hombres, mejores mujeres, mejores ciudadanos. Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacerlo mejor de lo que era. “La función más alta de la educación es la de ser arquitectura de almas, esa que de andamios de pasiones hace surgir templos de ideales” (Santiago Argüello, Mi mensaje a la juventud”).

La educación sexual consiste, primordialmente, en preparar para el matrimonio y las relaciones humanas entre hombres y mujeres, basadas en la igualdad, el respeto y la cooperación mutua. La salud mental, objetivo básico de la educación sexual, está estrechamente asociada con el proceso normal de desarrollo de la personalidad, por lo que debe considerar todos los factores que participan en este desarrollo, tanto endógenos como exógenos.

El hogar es la primera escuela en la formación y desarrollo del carácter, de modo que debe ser tarea prioritaria de un programa de educación sexual, la orientación a los padres en cuanto a cómo criar a sus hijos en cada una de las etapas de la vida.

La educación sexual debe incluir en sus contenidos el aprendizaje de principios y técnicas que permitan al adolescente el autocontrol de su impulsividad y de las explosiones emocionales, propias de su edad.

Los adolescentes necesitan ayuda para aclarar sus valores y trazar las líneas de una conducta socialmente deseable. Si padres y maestros eluden esta ayuda, exponen al adolescente a diversos peligros: puede creer que a nadie le interesa lo que haga y reaccione comportándose de forma libertina; puede ser explotado por otros con malos propósitos, a caer en un estado de indiferencia o yoquepierdismo frente a la vida, como ocurre con muchos jóvenes nicaragüenses padres y maestros pueden orientar al adolescente en el campo de los valores, discutiendo con ellos las formas de comportamiento humano y los móviles e ideales que las inspiran. En estas conversaciones, serias y amistosas, el adulto puede poner su propia experiencia al servicio del joven.

Los prototipos o modelos admirados por el adolescente, tienen también gran trascendencia en el desarrollo de su carácter. El modelo ejerce incluso una influencia más poderosa que la enseñanza directa. Por ello, corresponde a la escuela la misión de presentar en forma vívida personajes que encarnan virtudes humanas, como amor al prójimo, justicia, responsabilidad, constancia, dedicación al trabajo y respeto a la dignidad humana.

Estos mentores o apóstoles, en los que el adolescente halla las perfecciones que él busca para sí mismo, le sirven para salir de la desorientación propia de su edad y caminar con paso firme hacia el futuro.

El autor es catedrático de la Universidad Católica (Unica).

Editorial
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